Él muere y ella vive

Una  transgénero asume su sexualidad desde los ojos de un visionario: “uno de niño no entiende pero siente”, confiesa

Pilar Garzón  Verú ha sido nombrada en diferentes ocasiones reina transgénero  dentro de la comunidad LGBTI que reside en Girardot; hoy nos cuenta cómo cada experiencia que ha vivido le ha ayudado a forjar un camino del cual se siente orgullosa.

“Es una patología que afecta el comportamiento del individuo. En algunas ocasiones es  adquirida por transtornos hormonales o por imitación; es decir, en el caso de la adopción igualitaria el mayor temor es generar transtornos en la  identidad sexual  del niño” (sic), explicó Mauricio Gamboa, medicó general, respecto de las incógnitas que surgen al querer obtener respuestas frente al transexualismo y a la identidad de género desde la infancia.

Jocosa, alegre, con una mirada profunda y con un temple de acero en su sentir, Pilar aún recuerda cómo fue crecer en medio de incertidumbres e inconsistencias emocionales, por no  poder definir su futuro como la mujer que no nació en carne y hueso, pero que desde sus adentros gritaba para ser escuchada y aceptada. Después de 20 años, y un camino a medio recorrer, espera ser el centro de experiencia para las mujeres transgénero de su comunidad.

Catalina Ricaurte (C.R) ¿Cómo es su vida siendo transexual?

 

Pilar Verú (P.V) Como el de otra persona; eso depende de  la percepción de cada uno. Yo la considero normal, común y corriente. Respecto de mis días, soy como tú o como él (Jairo Carrillo). Me despierto muy temprano, me alisto para ir al trabajo – allí me la paso todo el día- y en la tarde, a eso de las 6:00 p.m., regreso nuevamente a mi casa; y así es todos los días. De pronto, en lo único que aún mi vida no es del todo normal, es en las reacciones de las personas cuando me ven (sic).

C.R.: ¿Recuerda cuándo estuvo consciente de su verdadera sexualidad?

 

P.V.: Más o menos cuando uno está llegando a la adolescencia, o al menos eso pienso. De diez a doce años, es cuando descubres qué es la atracción sexual hacia lo que más adelante será  tu género. Es decir, a mí me gustaban los hombres como a una mujer biológica le gustan. La cuestión es que yo nunca, nunca me vi como un hombre homosexual, yo me veía y me sentía como una mujer: femenina, coqueta, tierna; voluptuosa y con curvas…una mujer, indiscutiblemente (sic).

C.R.: ¿Cómo habló de esto con su familia?

 

P.V.: Mi familia, en mi caso, lo tomó de buena manera. Desde muy pequeño ya ellos se hacían la idea de lo que yo realmente quería ser; por eso, no fue algo difícil de superar ni para mí ni  para ellos. De igual manera, tuve   siempre el apoyo de mi mamá, fue la primera que se enteró, para mí eso fue una liberación total. Lo complicado fue el vivir en el mismo lugar donde naciste siendo hombre y de un momento a otro cambiar tu identidad física. Lógicamente, muchas de las personas que eran allegadas a mi familia, tanto conocidos, como amigos y algunos familiares, sintieron un rechazo; pero, con el tiempo, lo superaron.

C.R.: ¿Cuáles fueron las reacciones de las personas  a su alrededor? 

 

P.V.: Siempre va  haber un choque, pues las personas están acostumbradas a verte de una manera y luego, de un momento a otro; empezar a cambiar ciertos ademanes, ciertas situaciones, ciertos cambios físicos, eso siempre  va generar criticas; así sea la persona más tolerante del mundo. Para mí, la reacción más importante era la de mi familia, sobre todo la de mi mamá. Pero ella se mostró tolerante y comprensiva siempre; yo creo que ella sabía de mi condición desde antes que yo le contara. No sé, ella lo sentía, sentía que yo había nacido mujer (sic).

Jairo Carrillo (J.C.): ¿Cuáles fueron sus primeros pasos en el transgenerismo?

 

P.V.: Primero, fue lo físico. Me dejé crecer el cabello, luego me empecé a maquillar, poco a poco empecé a cambiar mi vestuario, ya me gustaban más los vestidos que los jeans y, con el pasar del  tiempo, me realicé el aumento de senos y glúteos. Aun me faltan unos pasos por cumplir, pero creo que todo tiene su tiempo. No puedo acelerar las cosas a mi gusto, porque son cambios radicales, y no es que esté dudando de mi condición, es solo que no quiero tomar medidas extremas en lugares inadecuados o dejarme presionar por el núcleo social.

J.C.: ¿Cree usted que una persona transgénero puede llegar a sentirse en armonía alguna vez?

 

P.V.: Total, me siento bien conmigo misma. Me siento bien  con como luzco y en armonía con las demás personas, también; pues siempre me rodeo de personas con las que me siento compaginada, no me relacionaría con personas que están en contra de mi situación. Aunque en ocasiones debo enfrentarme a las inconformidades de una sociedad que aún no acepta a mi género. Eso en parte, te quita mucha energía, luchar por que te consideren normal, o bueno, el estereotipo de normal (sic).

J.C.: ¿Considera que el factor económico es fundamental en  el transgenerismo?

 

P.V.: Sí, claro. El dinero es fundamental. La transformación en todos sus aspectos es más costosa debido a la responsabilidad que acarrean los cuidados médicos, porque estamos hablando de transformar tu físico a lo que en tu mente y en tu razonar eres. Por otro lado, está el trabajo: uno es consciente de lo difícil que se torna el querer ingresar a cierto campo laboral fuera de los estereotipos que se han generado, ya sabes, peluquería, diseño, moda o cosas así. Y también está el caso de la prostitución: no todos, aclaro, pero sí la mayoría (sic).

J.C.: ¿se ha arrepentido alguna vez de su trasformación?

 

P.V.: ¡Para nada!  Creo fielmente que mi percepción sexual es la correcta. No veo por qué deba arrepentirme por asumir una posición diferente a la que se cataloga como “normal”. Existen casos particulares como los de ciertos presentadores o personas famosas que han decidido reivindicarse con el mundo porque han tenido un “llamado espiritual”; pero en mí, no existe tal cosa. Y no estoy diciendo que no creo en Dios o en la religión, al contrario, mi familia es católica devota, es solo que para mí este camino es el correcto (sic).

C.R.: ¿Qué sería de su vida si no hubiera tomado esta decisión?

 

P.V.: Complicada. Los ideales cuando uno está en esa etapa de la preadolescencia son otros. Mi mentalidad iba dirigida a estudiar y no más;  no contaba con que se me fueran a dar tan rápido estos cambios (risas). Nunca me visualice como un padre de familia. El hecho de que yo sea ‘trans’ no quiere decir que me haga más o menos importante que una persona heterosexual. Mis decisiones, al igual que las de muchos, varían; pero en ninguna de ellas ha estado la posibilidad de “cambiarme de bando”. Para mí ser normal nunca fue una decisión por tomar.

J.C.: ¿Qué beneficios le ha traído ser transgénero?

 

P.V.: (Risas) ¿Acaso usted ha tenido algún beneficio por ser hombre en esta sociedad machista? De algún modo, sí los ha tenido. Pero hoy en día, al menos por hipocresía, se habla de igualdad de género; entonces, considero que mi género también ha tenido beneficios.  Por ejemplo, yo he estado coronada dos veces en el Reinado Nacional del Turismo por parte de la comunidad LGBTI: ése, al igual que el Reinado Nacional o cualquier otro concurso, fue una etapa  que yo quería quemar y lo hice, como lo haría cualquier niña que sueña con el concurso y el vestido y la corona (sic).

Es una mujer a quien amar y respetar, tal como se lo hace saber Sandra Hernández, Psicóloga y gran amiga a quien se abordó para saber más de Pilar.

C.R.: ¿Cuál ha sido el momento más difícil que ha tenido que afrontar Pilar?

 

Sandra Hernández, (S.H.): Un problema como tal, no…no lo he visto. Considero que el mayor inconveniente ha sido la discriminación que se ve a diario por parte de la sociedad y de su comunidad (LGBTI). Sin embargo, ella ha creado mecanismos de defensa ante esto, como su personalidad. Se ha convertido para muchas personas en alguien ruda, difícil de tratar, pero no es así; este comportamiento es su manera de protegerse ante los comentarios y las ofensas que las personas le hacen (sic).

Pilar Verú, actualmente, encuentra un nuevo camino por recorrer, donde su profesión de estilista  se convierte en la  prioridad, ya que siente una gran pasión por el sentimiento de felicidad que le produce ver su progreso en dicho campo. Así mismo, en el ambiente laboral se ha encontrado con personas que han dejado huella en su interior  y no solo por aceptar su esencia: algunas, las más allegadas, le han hecho saber que a pesar de ciertas convicciones, sus acciones carecen de madurez.  No le queda otra opción más que esperar los nuevos senderos que  deberá recorrer sola, dentro de una comunidad rica en prejuicios.

Por: Jairo Carrillo

        Catalina Ricaurte

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