DESPLAZAMIENTO Y POSTCONFLICTO

Editorial

Por: Olga Serrano Pedreros

El problema del conflicto armado en Colombia no es de esta década ni mucho menos de ahora. Este tema viene desarrollándose desde hace más de 50 años, dejando como resultado profusa violencia, atentados, asesinatos, corrupción y muchos problemas que hemos afrontado cada uno de los colombianos. Además, de tener en cuenta otros problemas sociales que afectan drásticamente a la comunidad del campo, como es el desplazamiento forzado: en parte culpabilidad de los gobiernos que han dejado ganarse la batalla por la guerra, dejando como víctimas a una población civil que ha tenido que afrontar los nefastos ataques de grupos al margen de la ley, como el M-19, EPL, CRS, ELN, las FARC, entre otros.

Las ciudades y algunos municipios del país se han visto afectados por los constantes desplazamientos de personas que arriban a ellos en busca de una mejor calidad de vida y huyendo de la guerra. El problema radica en que no están preparados para recibir, salvaguardar y proteger los derechos de los refugiados internos; además, de la negligencia de las administraciones que toman una posición indiferente ante este aberrante caso de violación de derechos humanos. El municipio de Apulo – Cundinamarca no fue la excepción, en dicho territorio se ha realizado una intervención para ayudar a construir herramientas en el fortalecimiento de la asociación de desplazados de aquella jurisdicción.

No obstante, los cálculos obtenidos del diagnóstico  de esta población desplazada fueron los siguientes: el  informe muestra  que el  50% son mujeres  y el 50% son hombres; la  mayor proporción de la población se concentra entre los 27 y 60 años (30.1%), seguido por el grupo entre los 6 y 12 (25.1%).  Así  mismo, se aclara que no se cuenta con registro de indígenas y/o ROM (población gitana) a la fecha; también, se evidencia  que a raíz del conflicto se ha presentado discapacidades  motrices en el 0,6% de personas desplazadas, de especial protección, con enfoque diferencial.

En un escenario hipotético, en donde el postconflicto se realice, Apulo entrará a ser protagonista en el tema del desplazamiento, aunque este proceso va a ser un tema complicado de solucionar en su totalidad, sabiendo que todavía no hay luz verde  para los acuerdos del proceso de paz, que se lleva a cabo actualmente en La Habana. Aparte de que se deben reformar algunas políticas públicas para amortiguar la  demanda de recursos que se necesitarán para la normalización de la vida social de una país azotado por más de medio siglo de guerras internas y violencia de todo temor.

El solo postconflicto, dicen algunos expertos, Colombia deberá estar preparado para conseguir por lo menos 100 billones de pesos en los próximos diez años, sin tocar  todavía la reparación integral de más de seis millones de víctimas que, según algunos cálculos nacionales, está llegando a 90 billones adicionales en un mismo lapso. Dicha reparación integral abarca indemnización económica y restitución de tierras. Y eso, si las víctimas no siguen aumentando: también el gobierno debe garantizar el retorno de las víctimas a los sitios de donde fueron desplazados.

Para la consolidación de ese gran paso se tiene que tener cuenta puntos importantes como:

– Los planes de retorno de las familias víctimas del desplazamiento forzado es la mejor solución a sus necesidades más sentidas y permite reconstruir el tejido social desvanecido por la violencia.

– Las inversiones necesarias en educación, salud, vías, viviendas, servicios públicos y generación de ingresos – si alcanza para todo esto – deben ir amarradas al proceso de retorno de las familias que efectivamente quieran regresar.

– Después de la firma de la paz, se debe garantizar seguridad en los sitios abandonados para que las mismas familias por su cuenta regresen. Casos hay muchos, por ejemplo, algunos retornos en algunos departamentos han sido corriendo todos los riesgos.

– La ruralización nuevamente de Colombia es un efecto directo del proceso de paz, de la Ley de Víctimas y de Restitución de Tierras.

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