Una hija de la vereda Tamarco de Chaparral, Tolima

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“Dios es la única fuerza generadora de poder” – Adelina Perea Guzmán

 

Las estrategias de crianza se han transformado con el pasar de  los años. Antes, los padres eran radicales y obligaban a sus hijos a trabajar. Ahora son educados de una manera poco drástica, aunque se puede evidenciar, todavía, las dos posturas. Adelina Perea Guzmán, fue una joven a la que le faltaron opciones para escoger. Pues no tuvo la posibilidad de estudiar o de vivir su niñez como cualquier niño lo haría, a ella le tocó someterse al trabajo desde muy pequeña. Ahora conoceremos un poco más, las duras situaciones que vivió y una  trágica muerte que marcó el resto de su vida.

¿Cómo fue su niñez?

Mi niñez fue crítica porque en ese tiempo había mucha violencia y como quede huérfana de papá, pues, lo mataron cuando yo tenía tres años. Entonces a  mi mamá le tocó salir adelante con cinco hijos a su cargo. Igual, fuimos muy trabajadores, pues mi madre nos enseñó siempre a luchar.Desde los ocho años fue trabajando para poder ayudarla y lograr sobrevivir. Como ella quedó viuda nos tocó  muy duro y mi niñez fue bastante crítica, (sic).

Por lo general, ¿en qué trabajaba?

Al comienzo con mi mamá. Después crecí y a los diecisiete años conseguí esposo y continué trabajando. Él era muy fuerte y “camelador”,  igual que yo. Nosotros siempre vivíamos en fincas y trabajábamos con el campo, cultivos,  ganado y demás animales de la casa, cocinando para los trabajadores y manteniendo limpias las haciendas; algunas muy grandes y otras no tanto. En algunas ocasiones, iba a traer los alimentos de los cultivos para comer, como plátanos, yuca, aguacate, frutas, ahuyama. Y a atrapar los animales que normalmente eran las gallinas, porque el pescado lo traía Édgar Hernández, mi esposo (sic).

Y, ¿por qué se casó tan joven?

Porque mi mamá era muy dura conmigo. Era muy brava, le pegaba a uno por cualquier cosa. Entonces conocí a Édgar me dejé llevar por sus intenciones y me enamoré de él. Luego nos escapamos y tiempo después nos casamos y tenemos cinco hijos. Actualmente, cuatro vivos y uno que murió en un accidente: la muerte es realmente… agobiante. Hijos que amo con todo mi corazón y que me dieron la energías para estar viva y llegar hasta donde estoy (sic).

¿Cambiaría algo de su vida?

Pues no, porque le doy gracias a Dios y a la santísima Virgen que me han dado mucha fortaleza. He sido una mujer luchadora. Decía mi mamá que“debemos ser verracas en la vida” y que debemos seguir el camino hacia adelante sin importar los obstáculos. Agradeciendo también a mis hijos que son mi mayor fortaleza; por ellos luché y lucharé hasta el fin de mis días. He tenido que pasar por muchas situaciones pero he vivido muy feliz, gracias a Dios (sic).

¿Cuál ha sido su mayor susto?

Mi mayor susto fue cuando era niña. Teníamos la costumbre de bañarnos en los charcos. Pero a mí me gustaban mucho unas  “moyas” remolinos que se formaban con el cruce de los ríos. Y fui asustaba por el ‘Mohán’, yo sabía que era él porque lo vi. Era un hombre alto, peludo, barbado. Yo presentía que me iba a llevar.  Quedé  muy asustada y salimos de una vez para la casa pero nadie me creía lo que les conté.  Solo yo lo había visto (sic).

¿Qué le falta lograr?

Hay algo que siempre quise. Sin embargo, creo que ya no lo lograré. Eso es estudiar, no lo pude hacer. Porque en mi época no tuve apoyo de mi mamá y mi padre murió. Entonces, quisiera ser alguien en la vida, no porque no lo sea, solo que el estudio es fundamental para lograr muchas cosas en la vida. Eso es uno de mis sueños, pero ya estoy vieja para conseguirlo. Con cincuenta y siete años ya me daría pena y cansancio ponerme a estudiar (sic).

Adelina Perea Guzmán nació el 6 de enero de 1958 en la vereda Tamarco, de Chaparral, Tolima. Su madre era Rosaura Guzmán y su padre Antonio María Perea. Su familia se caracterizó siempre por el trabajo arduo en el campo y  la constante vocación de lucha. Tuvieron que afrontar  la muerte de su padre. Junto con su madre salieron adelante con fe en Dios y la Virgen. Pues la  confianza en estos seres supremos es evidente en cada una de sus palabras. Entre suspiros, sonrisas y muecas pudo dejarnos ver su valentía y significativa historia.

¿Cuál fue la peor época de su vida?

La peor época de mi vida, irónicamente, fue cuando conseguí esposo. Porque me tocó afrontar muy pequeña el rol de mamá y esposa. Ya llevo casada cuarenta y cinco años y agradezco a mi esposo por mis adorados hijos y por el tiempo que hemos compartido. Han sido momentos difíciles pero con mucha felicidad. Tener mis hijos y luchar por ellos no ha sido fácil, pero poco a poco lo he logrado. Entender y hacer lo que hace una mujer como esposa y madre requiere bastante esfuerzo. Esa fue mi peor época pero la que me dio los mejores frutos (sic). 

Y entonces, ¿cuál ha sido la mejor época?

Para mí, la mejor época es ahora. Mi mayor felicidad son mis hijos y mi esposo. Y le doy gracias a Dios porque los tengo a ellos. Estoy tranquila, feliz y rodeada de gente llena de amor, bondad, fe y carisma. La familia se ha crecido mucho, tengo nietos y bisnietos que me alegran aún más la vida. Cuando me visitan pienso que ojalá Dios les dé muchas oportunidades. Que gracias a Dios y a mis hijos tenemos una casa y podemos vivir en paz, luego de tantos momentos difíciles (sic).

Desde su experiencia, ¿qué aconseja a los jóvenes de hoy?

Les aconsejo que disfruten la vida totalmente. Aprovechen las oportunidades. Que estudien y logren ser alguien en la vida. Amen a sus padres. Oren y crean en Dios. Que no hagan el mal a nadie. Que luchen por sus sueños y que jamás pierdan la esperanza, porque la esperanza no se pierde si se lucha con el corazón. Que valoren mucho los que sus papás hacen por ustedes y que exijan el apoyo de ellos para que juntos puedan salir adelante y logren vencer las barreras que la vida le pone a uno. Sonrían mucho y vivan felices siempre (sic).

Y por último, descríbase. ¿Usted por qué se caracteriza?

A pesar de todo, en estos momentos, soy una persona feliz, y alegre. Aunque he pasado por muchas situaciones difíciles le doy gracias a todos. Primero,   porque Dios es la única fuerza generadora de poder y segundo porque mis hijos son mi mayor fortaleza para ser lo que soy. Me gusta vivir mis días al máximo. Pues ahora estoy llena de tranquilidad, armonía, alegría y mucho amor. Amor que  me gusta transmitirle a todos mis seres queridos y que amaré siempre (sic). 

Su hijo Tiberio Hernández comentó que  “prácticamente, fui criado por mi abuela paterna porque mis papás vivían en una finca, pero, agradezco a mi madre por su gran amor y respeto” (sic).  Por lo general, lo que  más valora es el amor de una madre. Es el único amor incondicional que se tiene  en la vida. Al respecto, Mary Uriza, nuera de  Adelina, agregó que “ella con Tiberio ha sido muy amorosa siempre. Nosotras al comienzo no teníamos una gran relación, creería que fue por la distancia. Ahora, es distinto; afianzamos el cariño. Somos una familia más unida” (sic).

Por: Younly Hernández

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