Fraude en la universidad

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Sin dinero ni respuestas

La perplejidad  con que quedaron los estudiantes de Trabajo Social de la Corporación Universitaria Minuto de Dios, luego de que en 2014, uno de sus maestros desapareciera con los fondos  recaudados por todos para una salida pedagógica.

El 9 de abril de 2014, Daniela Bautista, junto con sus compañeros de Trabajo Social, reunían dinero para pagar una cuota pactada semanas antes por el docente de ese entonces, Iván Mauricio Gamboa Hernández, para una salida pedagógica al municipio de San Agustín, Huila.  La alumna, cursaba tercer semestre y recibía clases con el profesor de Sociología y Antropología. Él propuso a sus estudiantes de ambas jornadas, una actividad pedagógica extramural, con la excusa de llevarlos a visitar el parque arqueológico, que fue declarado patrimonio de la humanidad en 1995,  y en donde encontrarían diversos vestigios de la desaparecida civilización indígena.

Emocionados por la salida, que se llevaría a cabo a finales de mayo y tendría un valor total de cien mil pesos, depositaron  su confianza en el docente y entregaron abonos, no menores a veinte mil pesos, sin firmar ningún tipo de documento. Él les aseguró que la universidad tenía conocimiento de la iniciativa y que asumirían el precio del transporte de cada alumno, a modo de apoyo, y el monto estipulado sería destinado para pagar el hospedaje y la alimentación.

En su afán por recoger efectivo, el educador sugirió que los alumnos enviaran el dinero por correspondencia durante  Semana Santa, con el pretexto de reservar un hotel con varias semanas de anticipación. Días después, el profesor llegó a su clase, como era habitual, e informo a la clase que las directivas se habían retractado de su ayuda y que ellos tendrían que adicionar al monto inicial otros cien mil pesos para el traslado. Los estudiantes rechazaron la propuesta y pidieron de vuelta la suma, que algunos ya habían pagado en su totalidad.

Pero, lo que los estudiantes menos esperaban, ocurrió. Después de la respuesta negativa que obtuvo por parte de ellos, al negarse a entregar más dinero, el docente Gamboa, no volvió a las clases siguientes, y no fue visto más en el campus. Ahí  empezó la incertidumbre de los alumnos, tanto por su dinero, como por sus notas, puesto que como ya no iban a tener la salida, exigían que el profesor devolviera todo lo más pronto posible. Pero nunca se imaginaron de lo que se enterarían después.

Del profesor ejemplar, al más buscado

Antes de lo sucedido, Iván Gamboa era considerado por el alumnado, como uno de los mejores docentes del programa. Por su actitud espontánea, abierta y amigable. Hoy piensan que se trata de una actitud  fingida para ganarse la confianza de sus potenciales víctimas. Daniela, acompañada de más compañeros, fue en busca de la coordinadora de su programa, Janeth Galarza, quien  les aseguró que la Universidad no tenía ningún aviso de la salida y que se  contactaría con él. Los días siguientes, el profesor, por medio de un grupo creado en la red social Facebook, citó varias veces a los estudiantes de ambas jornadas, en la sede principal de la Uniminuto pero no cumplió con ninguna. Hasta llegar el día en que dejo de comunicarse, desapareciendo por completo.

La coordinadora volvió a ponerse al frente de la situación y prometió que la universidad respondería por el dinero. Algunos decidieron entablar la denuncia ante la Fiscalía, a pesar de no tener documentos como prueba, llevándose una sorpresa aún mayor. Uno de ellos, “José” (como lo llamaremos para proteger su identidad) nos mostró el documento que decía que Iván Gamboa tenía una investigación abierta desde el 4 de junio de 2012, por falsedad en documento privado, en un juzgado de Ibagué, mientras trabajaba como docente en la Universidad del Tolima.

Aunque algunos educadores y coordinadores del mismo y otros programas aseguran que el episodio es un caso aislado en la Universidad, estudiantes como Daniela concluyeron que la responsabilidad recaía en la institución, puesto que es ella la encargada de la contratación de profesores. Andrés Olivar, docente de Trabajo Social, ve como medida preventiva una mayor rigurosidad en las pruebas psicotécnicas, que deben realizarse a los postulados para obtener el trabajo. Como dato adicional, encontramos por medio de “Mario” (llamado así por petición de la fuente) que estudió hace diez años en la Uniminuto y que también fue alumno de Iván Gamboa, que el educador salió de allá hacia 2003, en medio de un escándalo similar. Y, sin embargo, volvió a dictar clases después de diez años ausente, desde  2013.

Error sin culpable

El estudiantado afectado  señala a la universidad por su irresponsabilidad, al contratar  docentes sin revisar sus antecedentes y  pasado judicial, dejándolo expuesto a personas desconocidas. Las instancias oficiales, por su parte, no dan respuesta y acusan solamente al profesor. Sin embargo, después de varias semanas de rumores e incógnitas, las directivas concluyeron que el dinero sería devuelto al estudiante por medio de otra salida pedagógica, esta vez, a la Catedral de Sal, en Zipaquirá,  que solo se llevó a cabo hasta el 7 de noviembre de 2014, mientras Daniela Bautista cursaba  cuarto semestre.

Hoy en día, recuerda lo sucedido con cierto sabor amargo, cuya expresión en el rostro es de indignación y refleja algo de inquietud mientras cuenta lo sucedido. Sin embargo, otros como “José” y “Mario”,  prefieren mantener en el anonimato, por miedo a reacciones de terceros, solo por  el hecho de hablar sobre el caso de Iván Gamboa: suceso que en la universidad, no es más que un secreto a voces y un tema que pocos se atreven a tocar.

Por: Ángely Gutiérrez – Luisa Rodríguez – Angélica Valdés

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