La educación como herramienta para el cambio social

Editorial

Por: Mariana Ariza

Resumen

La Educación, según Piaget, se utiliza para modelar a la gente y para transmitir valores sociales colectivos. Y en sí, desde diferentes campos de estudio y ópticas epistemológicas, hay una premisa que se sostiene, y es que la educación está ligada estrechamente con lo social, y lo social hace parte de la comunicación como herramientas mancomunadas de acción interdependientes.  De este modo, qué sería del hombre sin la educación, sin estar sujetos a una cultura, sin seguir unas mínimas reglas de convivencia, sin poder comunicarse. Posiblemente no existiría o sería un animal social como alguna vez lo llamó Aristóteles. En relación con   lo anterior, la base de este ensayo procura analizar teórica, reflexiva y filosóficamente, cómo la clave del desarrollo de un país, está en su nivel de educación.

Conforme a lo planteado en una de las nueve acepciones clasificadas por la Real Academia de la Lengua Española[1], por comunicación se entiende como la acción y efecto de comunicar o comunicarse. Entendido así, y desde una perspectiva filosófica, hablaríamos de comunicación como un proceso integral comprendido por el todo; a partir de esta premisa, no podemos hablar del hombre y de su entorno como un todo, si no entendemos que existen unas barreras metafísicas que  van más allá de la materia y de la condición biológica del ser humano. Aludo al ser social, a ese que aprende a interrelacionarse y descubre que a través de la experiencia también se puede aprender. A ese hombre que necesariamente se comunica para educarse.

Desde esta perspectiva, quiero buscar enlazar los conceptos de comunicación,  educación y sociedad, como parte de ese aprendizaje vivencial y experimentado que condiciona al hombre como ser social. Para tal fin, en continuidad me remontaré al concepto epistemológico de educación.

Según Jean Piaget[2], educar es adaptar al niño al medio social adulto; la educación se utiliza para modelar a la gente y para transmitir valores sociales colectivos. Al respecto, Paulo Freire[3] sostiene que “la educación verdadera es praxis, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo”, asumiéndola así,  como un arma liberadora, vital para los pueblos, indispensable para transformar la sociedad; lo que contiene intrínsecamente una alta connotación ideológica. Remontándonos  a otra pedagoga, encontramos que María Montessori[4] considera la educación como una ayuda activa para el perfecto desarrollo del ser humano en su proceso de crecimiento. Visión que, en alguna medida, relaciona el psicoanálisis con la cultura, ya que es a través de este campo del saber que se estudia la forma como el ello y el yo se condicionan y adaptan, transformándose al superyó. Por esta razón, la educación para Sigmund Freud[5] se fundamenta en «el porvenir de una ilusión», lo cual consiste en que el niño no solo se enfrenta y apropia de su realidad exterior sino fundamentalmente de sus laberintos desconocidos, adaptándose a su cultura a través de métodos de aprendizaje acordes con su sistema de comunicación interpersonal; algo que natural y biológicamente perfecciona, a medida que crece. En síntesis, el niño se educa para crecer en sociedad, usando la comunicación como vínculo entre él y su medio.

Así, evidenciamos que desde diferentes campos de estudio y ópticas epistemológicas hay una premisa que se sostiene, y es que la educación está ligada estrechamente con lo social, y lo social hace parte de la comunicación como herramientas mancomunadas de acción interdependientes.

El hombre nace y su naturaleza lo condiciona a unas necesidades e instintos biológicos innatos, los cuales debe adaptar a medida que crece, a lo que alude Friedrich Schiller[6] en sus cartas sobre la Educación Estética, como un “sometimiento a formas ajenas”. Y es que naturalmente el niño que se hace adulto, imperiosamente encuentra en la educación, su herramienta para adaptarse a la cultura que lo rodea y aprende a comunicarse y a entender,  a medida que progresa, los signos y símbolos, que atienden a su entorno social. Aprende a caminar, aprende a hablar, aprende a leer, aprende lógica matemática y entre otras muchas cosas, aprende a sobrevivir dentro del mundo que le rodea. Desde que es bebé, encuentra que a través del llanto crea unos canales de comunicación con el mundo externo, encontrando la forma de pedir alimento, por ejemplo. Siendo un inocente, frágil y pequeño bebé, ya se comunica con su medio para sobrevivir a él, sin siquiera saberlo o planearlo así.

De este modo, qué sería del hombre sin la educación, sin estar sujeto a una cultura, sin seguir unas mínimas reglas de convivencia, sin poder comunicarse. Posiblemente, no existiría o sería un animal social como alguna vez lo llamó Aristóteles[7]. La clave del desarrollo está en la educación de su país. Y este campo no solo hace referencia a las aulas de clase ni a una universidad. La educación, como herramienta para el ser social desde la comunicación, es un todo. Es aquí donde retomo a modo de cierre, la idea inicial de este ensayo.

Si el hombre por naturaleza es agresivo, envidioso, promiscuo, celoso, indiferente e inmoral, cómo podríamos hablar de desarrollo. El niño va a la escuela y aprende a compartir, aprende a valores, reconoce que no es el centro del mundo, viene de casa donde es el objeto máximo de atención y se encuentra con otros igual que él, que demandan las mismas necesidades y aprende a comunicarse a través del juego con ese otro que en principio le generó molestia.  Llega al colegio y se adapta a unas normas, aprende a que no puede llevar el uniforme mal puesto ni su cabello en desorden, porque es la imagen de él ante el mundo la que se ve distorsionada, aprende a controlar sus emociones y ya no llora tanto como hace unos años, se enamora y se desilusiona, encuentra unos cambios en su cuerpo que lo dejan absorto, conoce la sensación de deseo que su sexo opuesto le incita y aprende a controlar su instinto natural;  se educa para no cometer errores que le pueden costar su proyecto de vida.

El colegio no solo educa la capacidad cognitiva del menor frente a algunos saberes básicos que debe adquirir, sino que, también, se educa como ciudadano, se capacita para el ser social adulto que está por venir. Y es en este punto, donde muchas veces falla el sistema, dígase por la falta de comunicación y autoridad entre padres e hijos o porque los padres se desentienden del menor, aludiendo que solamente en la escuela se educa. Un concepto que debe replantearse.

Para concluir, la educación comprendida como un todo es la única herramienta que el hombre necesita para mejorar en sociedad. Hoy día, la comunicación se ha visto obstaculizada por la falta de cultura, por los bajos niveles educativos, por la mínima educación en valores y por la falta de patriotismo. Lo público es objeto de corrupción y de daño no solo al bien inmueble, sino también a la moral del país. En las aulas de un colegio oficial aún se considera que 40 niños o más aprenden exitosamente un tema y se educan en ambientes cada vez más estrechos, sin los suficientes recursos físicos y tecnológicos para brindar un servicio de calidad. En las calles el insulto a viva a voz, el peatón imprudente, el motociclista atravesado, el conductor ebrio, la riña callejera, el robo armado, el consumo de sustancias psicoactivas cada vez más peligrosas, son muestra fehaciente de que nuestro sistema político está en barrena, por la simple razón de no invertir y mejorar el brazo educativo del país, capacitando a su sector docente constantemente, mejorando la legislación, abriendo más canales de comunicación sintonizados con los jóvenes de ahora.

Mejorando las políticas públicas de educación, con personal cada vez más capacitado e idóneo en el campo, no solo se aporta al desarrollo del país en materia de convivencia, de seguridad, de valores, de principios y de servicio humano, sino también en el campo académico profesional. Cada vez habrá menos aspirantes a educación superior en posgrado si no se cambia la mentalidad conformista a la cual nos están sometiendo indirectamente y, de ser así, ¿cómo podemos hablar de transformación social si la única arma capaz de vencer tal paradigma es la educación?

[1] Comunicadora Social y Periodista graduada en la Corporación Universitaria Minuto de Dios; Maestrante en Educación, Universidad Autónoma del Caribe.  Diplomado en Comunicación Estratégica Organizacional. Docente de aula, Editora de un periódico escolar y  Docente universitaria.

[2] Tomado de http://lema.rae.es/drae/?val=comunicaci%C3%B3n el 01 de febrero de 2015

[3] Epistemólogo, psicólogo y biólogo suizo, creador de la epistemología genética, famoso por sus aportes al estudio de la infancia y por su teoría constructivista del desarrollo de la inteligencia.

[4] Educador y pedagogo brasileño. Uno de los más influyentes teóricos de la educación del siglo XX.

[5] Educadora, pedagoga, científica, médica, psiquiatra, filósofa, antropóloga, bióloga, psicóloga, devota católica, feminista y humanista italiana. Fue la primera mujer italiana que se graduó como doctora en medicina.

[6] Médico neurólogo austriaco de origen judío, padre del psicoanálisis y una de las mayores figuras intelectuales del siglo XX.

[7] Poeta, dramaturgo, filósofo e historiador alemán. Se le considera junto a Goethe como el dramaturgo más importante de Alemania, así como una de las figuras centrales del clasicismo de Weimar.

[8]  Polímita, filósofo, lógico y científico de la Antigua Grecia cuyas ideas han ejercido una enorme influencia sobre la historia intelectual de Occidente por más de dos milenios.

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