Libertad de expresión y libertad de empresa: falso dilema para el buen periodismo

Editorial Por: Andrés Olivar

Comunicador Social-Periodista

 

Los seres humanos somos nuestras ideas, somos lo que pensamos. Un medio de comunicación estará dirigido siempre por personas con ideas propias sobre el mundo. Así, que El Colombiano esté dirigido por un círculo conservador y reaccionario no es malo en sí. Lo malo es que sus ideas vayan en contra de un principio fundacional del periodismo: la libre circulación de las ideas que iluminan el debate público.

El asunto es el siguiente. El columnista Yohir Ackerman, el 17 de febrero de 2015, ha escrito en el periódico de marras un artículo titulado “Enfermos”, en el cual expone su visión en torno de un tema de candente actualidad: la adopción por parte de parejas homosexuales. Para Ackerman, los “enfermos” son instituciones como la Universidad de la Sabana, que ha emitido un concepto de su Facultad de Medicina, según el cual la adopción por parte de parejas del mismo sexo debe prohibirse, pues la homosexualidad es un conducta que, por heterodoxa, es anormal y antinatura.

Se explaya nuestro autor en algunos pasajes de la Biblia, que delatan la posición cavernaria e intolerante de la iglesia católica sobre padecimientos y comportamientos humanos diversos, como discapacidades físicas (que le impedirían “presentar ofrendas”) o sostener relaciones sexuales durante la menstruación (so pena del destierro para ambos).

Al final, las directivas del periódico delatan su talante censor: aceptan la publicación de la columna como la renuncia pública del columnista, pues, según ellos, el artículo se aleja de los parámetros del respeto y la argumentación que afirma promover el periódico.

No es un secreto la estirpe goda, godísima, del periódico paisa El Colombiano. Sabemos también del uribismo fanático de su exdirectora, Ana Mercedes Gómez (de hecho, fue electa senadora en la lista cerrada del uribismo en las últimas elecciones). Lo que no sabíamos era que su criterio periodístico fuera tan precario, y sacado del más recalcitrante periodismo partidista del siglo XIX.

El tema deja varios asuntos para la discusión. El primero, el irrespeto de El Colombiano al principio del ‘mercado libre de las ideas’, propio de la labor de un medio que, además de aprovecharse de la democracia, debe promoverla. El Colombianotiene todo el derecho a tener una posición política respecto de los derechos de la comunidad LGBTI, y también a disponer de sus empleados en cualquier momento. Sin embargo, su posición ideológica debe reflejarse exclusivamente en el editorial. Y, en aras del debate democrático y de la pluralidad, las páginas de opinión deben expresar la diversidad de puntos de vista sobre los asuntos públicos, ojalá contrarios a la postura del medio.

Un medio que intenta reflejar una sola visión de un problema impone un solo punto de vista. De ahí al lavado de cerebro colectivo y a la homogeneización del pensamiento hay solo un paso. Un criterio periodístico reducido, amañado y sesgado lleva de inmediato a la censura.

Si un diario como El Colombiano existe es gracias a las libertades que le garantiza la imperfecta democracia colombiana. Por más empresa privada que sea, para un medio debe primar la pluralidad y la libertad de opinión antes que la libertad de empresa. La labor periodística formadora  de una opinión pública deliberante así lo demanda.

Para leer la columna en cuestión, ir a http://www.elcolombiano.com/enfermos-*-YY1302661

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