Relación entre los procesos cognitivos y la calidad de los trabajos de estudiantes

Sandra Paola Grimaldo Salazar

Psicóloga, Universidad de la Sabana, Mg. Neuropsicología y Educación, Universidad de la Rioja.

Corporación Universitaria Minuto de Dios

El desarrollo de las funciones ejecutivas es la mayor capacidad que ha alcanzado el ser humano a través de su evolución filogenética, dado que con el desarrollo de la neocorteza se hizo posible la estabilidad y el control voluntario de la conducta, la planeación y consecución de logros.

Esta capacidad de controlar la vida, la conducta voluntaria, el lenguaje, el pensamiento y los sentimientos es lo que ha permitido el gran desarrollo de la humanidad y su gran surgimiento de tipo cultural, educativo, tecnológico y científico. Al culminar con su evolución filogenética y con la aparición de la especie de homínidos, el cerebro estructural y funcionalmente quedó dotado de dos habilidades humanas: el desarrollo de los lóbulos frontales distingue al hombre de las otras especies, y su capacidad de aprender y de enseñar. El último término hace hincapié en el desarrollo sociogenético y ontogenético de la especie humana, que transmite su conocimiento cultural, tecnológico, histórico o político a todos sus descendientes (García, 2010).

El transtorno del lóbulo frontal comenzó a estudiarse tras el accidente de Phineas Gage, en 1948, que ocasionó una lesión en el lóbulo frontal después de una carga explosiva utilizada en la construcción de la vía ferroviaria,  una barra de acero atravesó su cráneo a través del lóbulo frontal y salió por su mejilla; sin embargo, a pesar de la complejidad y traumatismo del evento, para sorpresa incluso del personal médico que atendió la emergencia, Gage mantuvo intacto su estado de consciencia, sus habilidades motoras y comunicativas. Posteriormente, fue víctima de un cambio de conducta, cambió su personalidad; la gente describía que parecía otra persona: pasó de ser un hombre responsable a uno irresponsable, incapaz de cumplir con las normas establecidas en el trabajo y en el hogar. De igual manera, se observó un cambio en la capacidad de planear y prever el futuro, derrochó sus ahorros, perdió su hogar, se dedicó a deambular de un estado a otro y su comportamiento estaba caracterizado por  inestabilidad en su estado de ánimo. Su muerte la desencadenó una serie de ataques epilépticos, doce años después del incidente. El museo de la Universidad de Harvard tiene exhibido su cráneo y la barra de acero, como un acontecimiento muy representativo para el estudio de la neurociencia (Brown, 2015).

El término funciones ejecutivas, lo creó Fuster (1980-1989), doctor en Filosofía y Medicina,  profesor de Psiquiatría y de Ciencias de la Bioconducta en el Neuropsychiatric Institute y en el Brain Research Institute, de la Universidad de California en Los Ángeles, publicó la teoría general sobre el corteza prefrontal y le asignó especial énfasis al funcionamiento de la memoria como mecanismo retrospectivo de la (MCP), función prospectiva de la planificación MCP y  capacidad de control de la conducta.

Alexánder Luria (1988) fue el primer autor que definió sus características a través de su teoría de la organización de las funciones psicológicas superiores, observó en su práctica profesional transtornos asociados a las lesiones frontales que mostraban dificultad en la iniciativa, motivación, formulación de metas o planes. El autor también es reconocido por la capacidad de asociar tales alteraciones con la localización cerebral de algunas funciones cognitivas.

De acuerdo con Lezak (1982) el término F.E. se podría definir acorde con cuatro componentes. En su publicación “El problema de la evaluación de las funciones ejecutivas”, la autora retoma los postulados de Luria y expresa que existen cuatro componentes: El primero es trazar el objetivo y definir la meta que se quiere alcanzar; el segundo es la planificación de las acciones o actividades secuenciales para alcanzar el objetivo;  el tercero se refiere al desarrollo, la capacidad de autorregular las tareas o actividades planteadas y reorganizarlas acordes con la realidad; y el cuarto se refiere a la secuencia voluntaria de actividades que conlleva a alcanzar la meta propuesta.

Características: Para que el individuo pueda cumplir con la capacidad de decidir, planear y ejecutar, es necesario recurrir a dos mecanismos que se encargan de controlar el sistema denominado esencial (actualización, fluencia, flexibilidad, inhibición, programación, toma de decisiones y memoria de trabajo) y otros auxiliares, que permiten la coordinación y el control mental (inteligencia, atención, memoria, percepción, actividad motora, lenguaje).

El conjunto de habilidades cognoscitivas de las funciones ejecutivas han sido estudiadas mediante dos abordajes: la creación y el estudio de las neuroimágenes a través del el funcionamiento del cerebro, mientras se ejecutan diversas tareas, y también el estudio de personas que han sufrido lesiones en el área prefrontal (Portellano y García, 2014).

Ardila y Roselli, (2007), en el desarrollo del sistema nervioso, destacan dos etapas: la primera  se denominada  neurogénesis, la cual se refiere al proceso que forma todas las partes del sistema nervioso y se presenta durante las primeras veinte semanas de gestación. La segunda, hace referencia al proceso de crecimiento y maduración neuronal, que culmina al inicio de la adultez, con la maduración de los lóbulos prefrontales. Este hallazgo científico es relevante en todos los procesos de intervención focalizados hacia el sector educativo; pues es debido a esta inmadurez fisiológica y cognitiva, que la adolescencia se convierte en una etapa de difícil manejo y es tal vez uno de los momentos coyunturales cuando tienden a repetir conductas impulsivas y riesgosas, que ponen a prueba las normas y reglas del ambiente que los rodea y, de esta manera, se ratifica la importancia de haber crecido en un lugar de normas claras, donde se eduque constantemente la voluntad, la tolerancia a la frustración, el valor de la constancia y la consecución de logros que permita al joven tener más control sobre su conducta y beneficie todo el contexto académico, familiar y personal.

Los procesos que permiten la maduración cerebral deben garantizar el cumplimiento de la organización funcional y la diferenciación de las células, para esto se conocen tres procesos encargados de esta función: el primero de ellos es la sinaptogenesis, que permite la proliferación y la migración neuronal, el segundo es la muerte celular y el tercero es el proceso de mielinización que se presenta después del tercer mes de fecundación y busca recubrir todos los axones de lípidos y proteínas que aumenta la rapidez de la conducción de la información y disminuyen el gasto de energía (Yakovlevy Lecours, 1968).

A continuación, se nombran algunas investigaciones realizadas con el tema investigado, según una investigación de la Universidad del Norte realizada por Barceló, Lewis y Moreno (2006), a través de la cual no encontraron diferencias significativas al evaluar las funciones ejecutivas entre los estudiantes de bajo y alto rendimiento académico de nivel universitario. Este hallazgo se relaciona con las investigaciones realizadas por Pineda (2000), quien afirma que las F.E. son un mecanismo complejo, multifuncional.

Martínez, Aguilar, Martínez y Mariño (2014), de la Universidad Javeriana, realizaron un estudio para probar la efectividad de los programas de rehabilitación neuropsicológica de las funciones ejecutivas, determinada por la capacidad de vincular ejercicios de solución de problemas y facilitar la aplicación a situaciones de la vida cotidiana, a través de razonadores de las conductas que faciliten el mantenimiento en el tiempo. De igual manera, afirman que el grado de conciencia del paciente prima como factor protector que desencadena una constante capacidad de auto-monitorización y autoevaluación, que potencia los resultados del proceso terapéutico (Cicerone et al., 2000; Cicerone et al., 2005; Kennedy et al., 2008).  Otras dificultades encontradas, se refieren al estudio de muestras muy pequeñas con casos únicos y particulares que entorpecen la extrapolación y generalización de los resultados (Wall, Turner & Clarke, 2013). 

Fonseca, Rodríguez y Parra (2016), de la Universidad Pedagógica, realizaron una investigación en un colegio privado de Tunja, cuyo objetivo estaba dirigido a encontrar la relación entre las funciones ejecutivas y el rendimiento académico en algunas asignaturas de los estudiantes de 6 a 12 años,  dentro de cuyos resultados encontraron relación entre la mortalidad académica y deserción escolar, durante esas edades  cronológicas,  cuando existe un mayor desarrollo ejecutivo, y recomiendan realizar programas de refuerzo e intervención en el campo  educativo, que  identifique y fortalezca las capacidades cognitivas de los alumnos de normal y bajo rendimiento.

La relevancia del tema investigado es el impacto que han tenido los estudios en neurociencias y el campo de la educación, invitando a los estudiantes a realizar un proceso de aprendizaje activo y no pasivo, mediante el cual identificaran la relación entre los procesos cognitivos superiores, las funciones ejecutivas y la calidad de la ejecución en las pruebas que fueron diseñadas escolares con coeficiente intelectual (CI) normal y disantes con necesidades educativas especiales de dos colegios privados de Girardot. Esta actividad permitió contextualizar sus teorías, expresar sus ideas acerca de cómo estos conceptos pueden ponerse en práctica y ser observados a través de las tareas o pruebas que se le proponían a la población elegida. De igual manera, reconocieron que los límites entre los procesos cognitivos superiores son difusos, porque el cerebro funciona no de manera aíslada, sino a través de redes de interconexiones. Siguiendo la misma línea no se puede pretender aislar los procesos cognitivos superiores de los procesos cognitivos básicos, si se tiene en cuenta que al ejecutar nuevas tareas, las funciones ejecutivas se activan para dar orden y secuencia a todos los procesos superiores y básicos; por lo cual se puede observar a través de las neuroimágenes la alternancia entre el funcionamiento de las zonas corticales y subcorticales.  

Etiquetas: Psicología,  Deserción académica, Alfabetización, Procesos investigativos

Un comentario sobre “Relación entre los procesos cognitivos y la calidad de los trabajos de estudiantes

  • el 6 diciembre, 2018 a las 11:49 AM
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    La psicología es una ciencia que tiene que ver con la medicina, pero realmente, la primera se encarga de manejar todo por medio de la mente, hasta tratar enfermedades. Mientras que la segunda trata problemas físicos. Hacen un buen equipo al momento de la recuperación de alguna persona.

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