Invitación a un periodista Nóvel

Jóvenes amigos, estudiantes de periodismo:

Les escribo para compartir con ustedes algunas reflexiones sobre el servicio de transporte en la región, cuando sus colegas en la prensa nacional nos anuncian la realización de un nuevo paro camionero. 

La amada ciudad de Girardot, donde está una sede de Uniminuto con su Facultad de Comunicación Social y Periodismo fue, en días más felices para Colombia, corazón de una serie de vías de comunicación que servían al país. Ya por el año de 1873, la Ley autorizó al Ejecutivo Nacional para estudiar una línea férrea que comunicara la Capital de la República con el río Grande de La Magdalena. En 1881 se contrató con el gran ingeniero Francisco Javier Cisneros la construcción del primer trayecto desde Girardot hasta Tocaima…  Después de muchas vicisitudes, el Ferrocarril de Girardot llegó a Facatativá en 1908 y empató allí con el Ferrocarril de La Sabana y, más tarde, con el de Cundinamarca.

Sin embargo, desde mucho tiempo antes, la ‘Ciudad de las Acacias’ protagonizó papel trascendental en la navegación del Alto Magdalena, constituyéndose  el punto de encuentro de pasajeros y carga procedentes bien del Tolima Grande, bien del norte de la patria. Es toda una bella historia pletórica de ejemplos de luchas y realizaciones emprendidas por las generaciones que nos precedieron. Traigo a cuento este tema de la navegación del Alto Magdalena, porque sin duda ella fue el estímulo y el llamado para otra gesta extraordinaria: el Ferrocarril del Tolima y el Ferrocarril de Tolima-Huila-Caquetá.

El puente ferroviario sobre el río Magdalena, entre Girardot y Flandes, es la obra emblemática de ingeniería a partir de la cual se desarrollan hacia el sur las vías férreas que acabo de ponderar. La Asamblea del Tolima mediante Ordenanza de 1892 facultó al gobernador para la construcción a partir de Flandes de la línea hasta Ibagué y de la línea hasta Neiva. El 7 de enero de 1921 llegaron los rieles a Ibagué.

Por ende, el 14 de junio de 1919 la Gobernación del Tolima contrató con la Casa de Pedro A. López & Cia.  Para construir una línea férrea que partiera de El Espinal llegara al Caquetá (Cfr. Ingeniero. A. D. Bateman). La obra más importante en esta vía fue el famoso viaducto sobre el Magdalena y túneles complementarios llamado “De Golondrinas”. La gran depresión económica de los años treinta ocasionó la interrupción de los trabajos en Villavieja; pero, finalmente, en 1937, quedaron unidas las ciudades de Bogotá y Neiva… En 1948, en busca del Caquetá, se comenzó el puente sobre el río Loro, al sur de Neiva; empero allí finalizó tan notable empeño nacional.

Paciente y joven lector que pueda haberme seguido a lo largo de los precedentes renglones: fácilmente han de imaginar ustedes la magnitud del costo humano y económico de esta tarea que, como les decía, emprendió el país en mejores días. ¡Qué de batallas contra la naturaleza hostil y ardiente de este “Llano de los Asoleados”, de que hablaran los españoles, del “calor de los arenales, el espejo de las canículas, la vibración de las pampas abiertas”, que cantara José Eustasio! ¡Cuántos sufrimientos, cuántos padecimientos soportados por los “trabajadores de tierra caliente”, como los descritos por Rivera! ¡Qué de dificultades técnicas, financieras, políticas y administrativas!

Pues bien, prácticamente, el ferrocarril ha sido echado a pique en Colombia. Los sindicatos ferroviarios y los dueños de buses y camiones,  más  la incuria de los gobiernos, sumado a la indiferencia de los ciudadanos dieron al traste con esa faena gloriosa que en materia de vías de comunicación iniciaron los colombianos y amigos extranjeros desde los albores del siglo XIX, con Elbers en el Magdalena, el visionario Bolívar y la comunicación interoceánica, el Congreso Nacional en 1836 y un camino de rieles en el departamento de Panamá, el héroe Cisneros casi a lo largo de medio país y, por último, los ingenieros durante las primeras décadas del siglo XX.  Como un solo ejemplo desastroso, les sugiero dar un vistazo a la estación del tren de El Espinal o al Puente de Golondrinas…

Invitación: Ustedes, amables periodistas en ciernes, son la esperanza para que Colombia recupere tan valioso patrimonio legado por nuestros antepasados y para que volvamos por la restauración del transporte masivo.

Por Pigafetta (seudónimo de Francisco Araújo-Villaveces) 

Etiquetas: Turismo en la historia girardoteña, La comunicación se tomó a Uniminuto

2 comentarios sobre “Invitación a un periodista Nóvel

  • el 6 diciembre, 2018 a las 11:29 AM
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    Nosotros como periodistas tenemos el deber de transmitir por medio de la información este tipo de temas, para que la comunidad sea quien se apodere de ellos y puedan colaborar buscando una solución. Y algo tan importante como el patrimonio de una ciudad como Girardot, merece que sea rescatado, puesto que hay una historia que contar.

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  • el 4 diciembre, 2018 a las 6:39 PM
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    El amplio contenido histórico expuesto en el artículo permite realizar un análisis comparativo a profundidad del antes y el ahora de la situación expuesta.

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