Una carrera a punta de escoba

La vida de un hombre que desde las 6:00 a.m. hasta las 2:00 p.m. recorre las calles de Girardot  sólo por un sueño: estudiar y velar por su hijo.


La ‘Ciudad de las Acacias´ diariamente produce 137 toneladas de basuras y recicla muy poco. Foto por Adriana Villalba

Cuando agarra la escoba, unas bolsas y empieza su ruta, durante el trasiego por calles sucias y sin ningún afán, Jairo Ospina aprovecha de tanto en tanto para bajar levemente su tapabocas y tomar un segundo aire. Él sí tiene tiempo para reparar en dos hechos tan opuestos como irrebatibles: que ama su trabajo porque “colaboro con la limpieza de la ciudad” (sic), a la par de  que le permite pagar sus estudios tecnológicos; pero que también se entristece porque “me toca hacer el trabajo sucio y pocos lo reconocen” (sic), testifica. 

Y quién iba a creer que un hombre de 32 años, oriundo de Aquitania-Boyacá,  pueblo de gente indoblegable, decidió relatar su historia de superación que hasta hoy lo ha llevado por caminos inesperados, logrando marcar la vida a lo largo de los años, al tener que pasar por duros momentos cuando de  recoger  papeles que otros tiran a la calle, convierten su  labor en la de un superhéroe anónimo. 

Los que no hacen su parte

Sabe que si no fuera por su labor y la de otras 90 personas que trabajan en la recolección, barrido y transporte de residuos sólidos domiciliarios, a lo largo y ancho de la ´Ciudad de las Acacias´, sus habitantes podrían despertarse cualquier día amenazados de muerte por las enfermedades que la basura en descomposición y al aire libre es capaz de incubar. 

Sin embargo, les tiran las bolsas de basura desde las ventanas a la calle,  gritan que a ellos les pagan para recoger desperdicios,  sacan la basura a destiempo y son pocos usuarios quienes los tratan con amabilidad. Aunque suene increíble, “esos actos inhumanos hacen que nos creamos superiores, incluso, con nuestra misma raza” (sic), agregó Piedad Dimas, docente universitaria en Uniminuto, frente a los malos tratos que reciben los operarios de aseo.


Los operarios de barrido de Ser Ambiental S.A. E.S.P. efectúan jornadas de limpieza y embellecimiento cuatro veces a la semana en diferentes puntos de Girardot. Foto por Adriana Villalba

El reto de estudiar y trabajar al tiempo

Jairo sale del trabajo a las 2:00 p.m., tiene una hora para almorzar, se dirige a estudiar al Instituto Carvajal de Girardot, donde adelanta estudios de Técnico en Electricidad y luego sale corriendo hacia el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) a continuar con otro curso de  Técnico en Sistemas. En dicho propósito, el Gerente de Ser Ambiental S.A. E.S.P., Carlos Bonilla, resaltó que“es importante que él y todos los muchachos estudien y puedan escalar laboralmente” (si).

Estudiar y trabajar al tiempo es muy frecuente en Colombia. La falta de recursos y el elevado costo de las universidades son causas principales para empezar a laborar en la etapa estudiantil, y si se tiene hijos a bordo, la tarea se complica. Incluso, Jairo tomó tamaña opción por tener mayor independencia económica y contar con experiencia laboral, a veces en lo que saliera.

En un sistema como el capitalista financiero, una de las tareas más complejas es crear empleos suficientes para todas las personas económicamente activas, independientemente de su edad, preparación o capacidades. Y es así como se suele pensar que hay ciertos trabajos necesarios únicamente  porque dan de comer a una familia; pero “barrer calles y recoger basura es un empleo tan importante como cualquier otro”, agregó Fernanda Rozo, jefe de Recursos Humanos de Ser Ambiental. 

“Son prejuicios. Las personas no comprenden la importancia de la labor de Jairo Ospina; tienen en mente que ese tipo de trabajo no es socialmente valorado. Me cuesta creer que todavía tengamos ese tipo de actos de discriminación”(sic): Piedad Dimas, docente universitaria en Uniminuto.

El ‘superhéroe sin capa’ de los niños. Foto por Adriana Villalba

A lo largo de los cinco kilómetros que a diario barre Ospina en la ruta del barrio Portachuelo, se encuentra ocasionalmente con  estudiantes de la Institución Educativa Policarpa Salavarrieta, como cuando una mañana lluviosa Jairo se estaba mojando porque olvidó su impermeable en casa y un niño le pidió que lo acompañara a su clase, a una exposición sobre el valor de la amistad, y allí lo presentó como su superhéroe favorito. “Ese día me llené de orgullo y supe que mi labor es única en el mundo”, recuerda emocionado entre entre lágrimas y alegría. 

Suena horrible pensar que se le paga a alguien para que limpie lo que los ciudadanos de forma irresponsable ensucian a diario. “Hay que respetarlos y ayudarlos porque su trabajo es de admirar” (sic), reconoció Andrea Ricaurte, habitante de Girardot. Y es que esa humilde pero eficiente escoba recoge anécdotas significativas que hacen que la brega de un barrendero sea propia de una proeza sin el requisito de portar capa.

“La motivación principal es mi hijo, poder ofrecerle  en el futuro una mejor estabilidad, sacarlo adelante y superarme como persona” (sic): Jairo Ospina, operario de barrido de Ser Ambiental.

Este joven valiente tiene algo muy claro: seguir contribuyendo al cuidado de la tierra que le dio una oportunidad laboral y finalizar su carrera técnica, sin importar el tipo de discriminación que ha recibido  por su condición de operario; pero, sobre todo, dejando una enseñanza de valores humanos para empezar a construir sociedad a partir de las experiencias de vida que por momentos lo hacen vibrar en medio de un mar de llanto. 

Etiquetas: De la mano con la comunidad, Jornadas de reparación ambiental, Propuestas ambientales, Por una ciudad más limpia y organizada

 

                                                Caricatura por Adriana Villalba
                                                                                              Infografía por Aura Domínguez

Por: Aura Domínguez – Adriana Villalba

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