La crisis de seguridad ciudadana

Los policías y militares avanzan en operaciones para contrarrestar la delincuencia  y de paso, garantizar la tranquilidad de lugareños  y turistas que a menudo visitan la ciudad.

La concepción generalizada sobre la labor de la Policía no es favorable; por tal motivo, se busca construir un proceso de reconciliación mediante talleres para poner fin a algunos conflictos a través del diálogo. Foto por Nicolás Rodríguez

La inseguridad es el pan de cada día para los girardoteños, según la percepción local a pesar de la estrategia en materia de seguridad liderada por el presidente Iván Duque, bautizada ‘El que la hace la paga’, que busca que todos los inadaptados sociales causantes de delitos comunes como hurto, homicidio, extorsión, entre otros, sean castigados con dureza por la señora justicia.

La seguridad se fundamenta en tres pilares. El principal es desplegar operaciones  conjuntas entre Fuerzas Militares, Policía Nacional y organismos de inteligencia, algo que desde la visión del ciudadano del común es positivo. Los impuestos recaudados por el gobierno se materializan en salarios, cámaras de seguridad, patrullas y todo lo que se necesita para defender a las personas de bien e inermes contra el hampa, que, a diferencia, se lucra del dolor y miedo.

El director de Seguridad Ciudadana, Mario Contreras, es un hombre que a simple vista podría pasar inadvertido: su mediana estatura, cuerpo delgado y poco carismático son la antítesis del agente corpulento de recio temperamento. Sin embargo, no afloja en la convicción de que “la ciudadanía debe trabajar de común acuerdo con la Policía Nacional, gracias a la creación del (programa) ‘Buen vecino’ que promueve los espacios de diálogo entre la comunidad y los diferentes ediles” (sic).

Vigilar y castigar

Tener una ciudad llena de policías y soldados no es la pretendida “panacea”, cuando realmente el problema es más hondo y estructural. La falta de oportunidades laborales, educación y el entorno social en el que se vive son algunas de las causas ocurrentes en la mayoría de jóvenes. Claro está, lo antedicho también corresponde a que las pasadas administraciones municipales aparentemente se dedicaron más a hurtar las arcas públicas -y se habla de hurtar, porque fue hecho sin violencia o intimidación a diferencia del robo-.

La Ley Estatutaria 1757 de 2015 de Participación Ciudadana es trascendental para los colombianos, pero ignorada por la gran mayoría de delincuentes.

Quién mejor para hablar de esta situación que Carlos Álvarez, habitante de Girardot, quien frecuenta a diario la Biblioteca del Banco de la República, allí con mucha devoción lee todos los periódicos para luego escribir lo más importante en un cuaderno. Él exterioriza que “los altos índices de vacilación que tiene Girardot es debido a la corrupción y, si la hay, es sinónimo de inseguridad” (sic).

Para otros lugareños, “la seguridad es inexistente”, así lo expresa Catherine Moncaleano, residente del barrio Alto del Rosario, a través de su inconformidad por la falta de presencia del cuerpo policial en el sector. Tener que ver a diario jóvenes y niños corriendo de las autoridades, luego de haber cometido algún delito, ya es normal; al igual que el frecuente consumo de sustancias alucinógenas, en lotes baldíos en medio de zonas residenciales.

La delincuencia no es un tema ajeno, existe la ley y el orden para contrarrestarla, empero para los girardoteños vivir en un estado de inseguridad constante resulta preocupante. Según la estudiante de Comunicación Social y Periodismo, Lizeth Villarreal, se debe a la “falta de más apoyo y compromiso con vigilancia, pues muchos transitan a altas horas de la noche, a la salida de las clases. He escuchado de convenios de las fuerzas militares, pero sólo son capacitaciones especializadas en seguridad ciudadana y no aumento del pie de fuerza” (sic). 

Han aumentado las operaciones conjuntas de control y registro por parte de la Fuerza Aérea Colombiana, la Policía Nacional y el Ejército Nacional. Foto por Laura Ortiz

Pedagogía

Afianzar la seguridad desde un enfoque pedagógico, exige que la academia verifique qué está pasando al respecto y sus causales conducentes a tal crítico punto: si es la falta de garantías de empleo o de subsidios económicos o educativos para los jóvenes y las familias, como factores de movilidad y ascenso social.

Se deben revisar las necesidades y aspiraciones de la población como base del mecanismo de respuesta al fenómeno, porque “pensar en el concepto de percepción de seguridad es fundamental para evidenciar si han aumentado o disminuido los índices delictivos. Son hechos reales y también de discurso político y militar. Hay que actuar desde un carácter diferencial” (sic).

Tener en cuenta cuáles son los riesgos objetivos para niños, jóvenes o mujeres, quienes son blancos predilectos del hampa, obliga a planear esquemas protectivos acorde con grupos poblacionales específicos. No Se trata de llenar  las calles de policías o militares, toda vez que un uniforme y un fusil no generan seguridad ciudadana. Pareciera que sólo los países con mayor educación o economía del primer mundo, la mereciesen.

Incluso, las Fuerzas Militares en Colombia no tienen una imagen prestigiosa debido a la corrupción, ‘falsos positivos’ y demás irregularidades denunciadas en el país. El Estado debe apostar por soluciones más integradoras, dado que los tiempos cambian a las sociedades y éstas transforman a los individuos; en ocasiones, de forma negativa.

Girardot concentra el 96% de sus ciudadanos en el casco urbano, y el restante, en las zonas veredales, por lo que los flagelos del microtráfico y las riñas sociales han tenido mayor incidencia.

Volver a caminar libremente por las calles girardoteñas, llenas de historia y cultura de un pueblo alegre es el cometido. Erradicar sentimientos de inseguridad por unos de optimismo y de reconstrucción de la memoria hará que todo vuelva a la normalidad. La seguridad ciudadana es posible con o sin recursos económicos, pues son más los que quieren vivir sin sobresaltos y, ante ello, nunca habrá una estructura delictiva superior a la participación ciudadana.

Etiquetas: Estrategias de seguridad, Delito, Policías y cuadrantes, Nuevo asesor de seguridad pública

                                             Caricatura por Nicolás Rodríguez

por: Laura Ortiz- Paula Jiménez- Brayan Estrada- Cristian Gonzáles- Nicolás Díaz. 

 

 

2 comentarios sobre “La crisis de seguridad ciudadana

  • Pingback:Grupos de WhatsApp, mecanismo de seguridad ciudadana – Giro en U

  • el 27 noviembre, 2018 a las 3:40 PM
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    La ´Ciudad de las Acacias´ lamentablemente sufre frecuentemente actos de hurto y con indices más altos en tiempo de sus festividades, tales como el Reinado Nacional del Turismo, las fiestas de mitad de año y la época navideña. Es importante que los entes encargados de la seguridad de la ciudadanía trabajen arduamente por mitigar esta problemática que aqueja a la población, sin embargo hay que tener en cuenta que esta es una cuestión de gran magnitud debido al gran peligro que esto con lleva. Pero no hay que olvidar que existen millones de personas inocentes que han muerto por los ‘amigos de lo ajeno’ y por ello, ante cualquier circunstancia hay que de una vez por todas cortar el problema.

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