Reflexiones sobre la feminidad

Por: Piedad Dimas Sánchez

La feminidad es una categoría de construcción social a través de la cual el sistema patriarcal caracteriza a la mujer a partir de su condición de género. En este sentido, la feminidad no sólo la reduce a su condición biológica para dar vida y cuidar de ella a través de la maternidad –ser para otros-; sino que establece un patrón de comportamientos estereotipados que limitan su actuar y la condicionan desde siempre a ser para otros. Bajo el pretexto de la feminidad, a la mujer se le ha condicionado su existencia, desde la forma como debe entender y percibir el mundo hasta la manera en que puede expresar sus sentimientos y emociones: a ella se le permite llorar su condición servil, pero se le niega la posibilidad de ejercer su autonomía; es decir, la feminidad en el sentido patriarcal, la condena a ser socialmente menor de edad. Aunque el movimiento feminista ha abierto caminos para superar esa minoría de edad, ganando espacios políticos y sociales para las mujeres, rompiendo estereotipos y otorgándole un lugar en el sistema de producción; es preciso también, reconocer y superar nuevas dominaciones: ésas que “transforman a la mujer en consumidora, haciéndola más vulnerable aún por su liberación, que le proporciona la independencia económica y le abre horizontes distintos al matrimonio y la maternidad” (Touraine, 2007, p. 58) y que a juicio de Beauvoir la condenan a una nueva servidumbre: la de la imagen. Aquí la sombra del patriarcado se extiende a través del consumismo, que impone otras necesidades y comportamientos para la mujer: si ella quiere tener éxito, no basta con demostrar inteligencia; se necesita ser físicamente bella, estar a la moda, mantener una figura esbelta y joven, demostrar independencia económica, aunque su autonomía esté permeada por la sociedad de consumo; o sea, continúa siendo para otros. Así entendida la feminidad resulta ser una pesada carga que ninguna mujer puede soportar. La sobrecarga del deber ser la agobia y le generan fuertes conflictos: la responsabilidad biológica de la maternidad, su sexualidad, los trabajos asumidos por su propia condición de género en el hogar, la familia, el trabajo, la sociedad, y, sumado a esto, la necesidad de verse bien para encajar, le producen contradicciones que ralentizan su proceso de construcción de identidad.

Ahora bien, es cierto que la lucha contra las desigualdades y la violencia que ha librado el movimiento feminista ha permitido a las mujeres el control de su vida personal, especialmente en el tema de la reproducción; sin embargo, es preciso continuar buscando caminos que permitan deconstruir las categorías tradicionales asociadas con la mujer y la feminidad y, reemplazarlas por unas nuevas en las que se reafirmen a sí mismas como personas libres y autónomas. Lo cierto es que las mujeres se definen y afirman a través de su sexualidad; lo que implica, en primera instancia, conocer su propio cuerpo, decidir sobre el ejercicio de su sexualidad, comprender que es ella y sólo ella quien decide sobre su cuerpo, decidir si quiere o no asumir la maternidad sola o en compañía, y que puede caminar por la vida sin temor a ser violentada. Las mujeres del postfeminismo[1] tienen cuando menos conciencia de ser agentes éticas, libres, responsables y que se consideran a sí mismas no objetos cargados de significados impuestos desde el exterior sino como agentes de su destino, cuyo objetivo principal es autorrealizarse, en tanto seres libres. ´Soy una mujer´ quiere decir que: “Como mujer tengo el derecho a ser una mujer y a dar a esta figura el contenido que yo elija. Esta elección es una demostración de mi libertad, de mi capacidad para definirme, para conducirme y evaluarme en relación conmigo misma” (Touraine, 2007, p. 38). Como realidades autopoiéticas, las mujeres estamos en capacidad para aprender a inventar nuevos lenguajes en relación con nosotras, aprender a ser solidarias entre nosotras, aprender a conducir nuestras vidas a partir de lo que nos gusta y deseamos para nosotras, y aprender a trabajar en colectivo para desenmarañar la red de relaciones opresoras tejida por el patriarcado que tanto nos sofoca.

Referencias

Touraine, Alain. (2007). El mundo de las mujeres. Barcelona, Ediciones Paidós Ibérica S.A.

 

Etiquetas:Mujeres en política y el hogar, Mujeres emprendedoras , La mujer en la política, Volver a nacer

 

5 comentarios sobre “Reflexiones sobre la feminidad

  • el 21 noviembre, 2018 a las 10:33 AM
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    Interesante articulo, pero me inquieta saber quién es Piedad ¿a qué se dedica es líder de un movimiento feminista?

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  • el 21 noviembre, 2018 a las 10:30 AM
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    Hay quienes ven en el feminismo como una ideología excluyente dirigida contra los hombres, implícitamente el texto presenta esa característica.

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  • el 21 noviembre, 2018 a las 1:02 AM
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    Las personas deben tener en la cuenta que actualmente lo que se esta se presenta un debate entorno al feminismo, la tan anhelada igualdad y la diferencia.

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  • el 5 noviembre, 2018 a las 10:17 AM
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    La feminidad es un de las características más principales del ser de la mujer; Se entiende por feminidad un conjunto de atributos asociados al rol tradicional de la categoría mujer. Algunos ejemplos de esos atributos son la comprensión, la delicadeza, la muestra de afecto, la educación y los cuidados de la descendencia. mujeres han sufrido una gran presión social para responder delante de las demás con comportamientos asociados a esos atributos. De la misma manera, los atributos de la masculinidad deben ser asociados sólo a los del hombre, y, por tanto, nunca hasta hoy día, en que empieza a haber cierta permisividad y apertura de miras, ha sido bien considerado que una mujer tuviera actitudes asociadas con la masculinidad.

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  • el 2 noviembre, 2018 a las 11:50 AM
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    La feminidad anteriormente nos limitaba, a nosotras como mujeres, a muchas que “pensaban” que no podíamos lograr por el simple hecho de ser mujer, debíamos ser sometidas estrictamente al hogar, los hijos y por mucho lográbamos ir al colegio.
    Con el paso del tiempo, ha sido difícil conseguir una posición más real, y que valoren lo que somos; muchas mujeres son maltratadas y discriminadas. Gracias al feminismo y con el paso del tiempo se ha logrado abrir más caminos, como poder trabajar, estudiar y ser mucho más independientes. Al mismo tiempo, esto suele sobrecargarnos de manera emocional en algunos momentos, varias personas se aprovechan de ello, pero como dice la siguiente cita: “Como mujer tengo el derecho a ser una mujer y a dar a esta figura el contenido que yo elija. Esta elección es una demostración de mi libertad, de mi capacidad para definirme, para conducirme y evaluarme en relación conmigo misma” (Touraine, 2007, p. 38).

    Hoy en día, muchas mujeres viven del “que dirán” deben ser alguien distinto y esconderse para ser “aceptadas por la sociedad” utilizan caminos cómo: la estética. Pasan por una cirugía “para quedar más hermosas”, se cambian el color del cabello, de los ojos, se agregan y se quitan cosas. Y no, así no debería ser, la idea no era llegar hasta ese punto de arriesgar la vida por los demás, debemos mantener fuerza y amor propio, ser amadas, aceptadas y valoradas como cada una es, por tu esencia, tener la capacidad de ser libre y elegir.

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