CONCEPTOS DE DEPENDENCIA

         Andrei Luna Pérez, politólogo

A lo largo de diferentes textos, establecidos como base de dependencia, se debe asumir un recorrido que parte en esencial sobre el Marxismo, desde las diferentes perspectivas de explicar el capitalismo en el contexto de la globalización y su incidencia en economías, como las de América Latina; en otras palabras, los diferentes autores que abarcan  el tema, buscan explicar las características que tiene la globalización capitalista, y en esa vía la configuración de un nuevo orden mundial.  

En primer lugar, se presentan los síntomas y elementos centrales de lo que representa para el capitalismo y sus políticas de dependencia, el aumento poblacional sin precedentes en la historia y la superexplotación del trabajo. En segunda medida, las consideraciones sobre el aumento del tiempo histórico, cuando se pone de presente el acelerado proceso de urbanización vivido en el siglo XX, con la germinación de grandes centros poblacionales durante un corto tiempo en América Latina. En tercer lugar, un aumento desproporcionado de la producción que supera los índices de producción industrial.  

La destrucción de economías nacionales en América Latina, por causas de la dependencia, la ruptura de las barreras nacionales en los contextos de industrialización desigual que rompe las barreras cambiarías y la ley del valor, con la que se logra insertar con fuerza, los procesos de inversión extranjera bajo  la promesa de la industrialización, al costo de una crisis económica ante el límite para las economías latinoamericanas en la producción de bienes primarios.

La administración de esa crisis significó el cambio de las políticas nacionales sobre regulación, así como fuertes conflictos laborales, ante el cambio de sus estructuras. Generando políticas adaptativas con las cuales las grandes economías vinculadas a los centros productivos de los países desarrollados, se buscaba administrar las diferentes economías y los procesos de industrialización.

Estos procesos de capitalización significan un mayor desplazamiento entre la brecha productiva de los países centro y los de la periferia, mientras en países como los EE.UU, el aumento tecnológico significaba el control de los centros de producción que tenían un andamiaje de jerarquización del trabajo y sobreexplotación del mismo, en los países periféricos las lógicas de inversión destruían las pequeñas economías y  obligaban a muchos países a  hacer parte de esa cadena productiva con una participación mayoritaria de sus productos primarios dentro de este proceso.  Estos  fenómenos que producen escenarios de aperturas económicas nacionales más dependientes de los centros de acumulación capitalista.

De esta manera, se configura un Estado en donde las lógicas de la división internacional del trabajo se transforman sustancialmente. Ya no se trata de las dinámicas normales del liberalismo clásico planteadas por Adam Smith, en las que hay una especialización económica de los países en el proceso productivo, de acuerdo con  su producción interna en un sentido de globalización, que permita transformar sustancialmente la apropiación de las diferentes dinámicas del avance tecnológico y técnico, implicando una gran ventaja para los países desarrollados, y que genere un monopolio tecnológico que agrava de manera sustancial la condición de dependencia de los países periféricos.

Lo que se desprende del análisis de las tendencias mundiales de la producción, la inversión, el comercio, el flujo de capitales y de información, es que nos encontramos frente a una mayor profundización de la división internacional del trabajo, con nuevas formas de integración interregional e intersectorial. Estos procesos son liderados tanto por los gobiernos como por las empresas. En cuanto a los flujos infra-sectoriales, según autores como Petit y Soete , estos son de dos tipos: “Aquellos que son el resultado de la diferenciación de los productos (una creciente mezcla internacional de marcas) y aquellos que parten de una especialización cualitativa entre los países asociados para la producción de un determinado producto”. En el primer caso, se da una especie de diferenciación horizontal de los productos, resultado de la integración económica entre países más desarrollados. En el segundo caso, se da una especie de diferenciación vertical, como resultado de la tendencia de las economías con diferentes niveles de desarrollo a aprovechar, ya sea los costos de producción más bajos o las mejores capacidades organizativas y de innovación para producir productos de bajo precio o de alta calidad.  

La problemática conceptual `globalización-mundialización´ del capital no constituye un debate cerrado, como tampoco supera la relativa a la actual fase imperialista del capitalismo sustentado en el predominio de corporaciones multinacionales, en el capital financiero y en la formación de la triada hegemónica expresada en los bloques comerciales y económicos liderados por Estados Unidos, Europa y Japón.   

Las cuestiones relativas al Estado-Nación y a la internacionalización del capital tampoco agotan la discusión, aunque son componentes esenciales de la mundialización. Al enlazar ambos términos intentamos indicar que el concepto anglosajón “globalización” no puede significar absolutamente nada si se aísla del concepto marxista de origen francés “mundialización”, el cual no sólo vincula nuevas nociones como internacionalización, ciclos de capital, ley del valor, tasa de ganancia, sino que, además, posibilita orientar la concepción marxista hacia el estudio de los fenómenos contemporáneos del capitalismo.

Tras el cambio y revolución tecnológica que se  ha venido divisando, a lo largo de la última década el mundo, y la suma de desigualdad y pobreza, se han agregado los grandes cambios de relaciones económicas internacionales: generadores de  una expansión económica y la gran revolución tecno-científica que viven los países centrales, asumiendo lo que Marini llama “reestructuración radical de las relaciones económicas internacionales”. El resultado es un creciente proceso de concentración mundial de la producción y del conocimiento en un puñado de países más avanzados, con el consabido aumento de las desigualdades en todos los sentidos.   

En 1997, el 20% de la población más rica, residente en los países centrales, participaba en el 86% del producto bruto mundial; al tiempo que en el otro extremo el 20% de la población más pobre, residente en los países periféricos, participaba en tan solo el 1% del mismo. Igualmente, en ese mismo año al primer grupo de países ricos le correspondió el 82% de las exportaciones mundiales y el 68% de la inversión extranjera directa mundial; y a la par al grupo de los más pobres sólo le correspondía el 1% por ambos conceptos. Similar situación se observa con relación al uso de las líneas telefónicas y a la conexión a internet: 74% y 93% para el primer grupo, y 1,5% y 0,2% para el segundo.  

La ley del valor organiza y regula la actividad humana en la sociedad capitalista. Aludiendo a Marx,  quien expone cómo se lleva a cabo esta regulación que las políticas del capital y los nuevos sistemas de organización y explotación del trabajo deben resolver. La actividad laboral humana es perturbada por una clase, apropiada por otra, se congela en mercancías y es vendida en un mercado bajo un valor.   

Lo que se busca sobre la base de la inserción en mercados mundiales a expensas de un desarrollo técnico, es la generación de valores de uso a bajos costos, proporcionando una plusvalía y ganancias extraordinarias; eso sobre la plataforma de un trabajo productivo, teniendo una base técnica superior,  produciendo más mercancías en un determinado tiempo, valor individual sobre el valor real, o en otro caso a través de un trabajo más intensivo que brinde  la misma cantidad de mercancías pero con un mayor desgaste. Por ello, los mercados mundiales desde la década de los 80 han generado un efecto en el aumento de la jornada laboral para la obtención de mayor capital. O de plusvalía y ganancias extraordinarias  

La ley del valor no funciona entonces más, siempre y cuando en la mercancía se llegaran a presentar dos caracteres: 1) que es definible en cantidades físicas distintas; 2) que es resultado de la producción social de una unidad de producción claramente separable de las demás, teniendo fronteras definidas -aquí, por ejemplo, se entendería cómo una fábrica de tejidos y estampados que compra los hilados de algodón y vende la tela estampada-.   

Entonces, se puede en efecto calcular la cantidad de trabajo socialmente necesario para producir una unidad de la mercancía considerada. La ley del valor tiene que garantizar la continuidad de esa regulación y de los soportes sociales que la mantienen estructurada en la reproducción del capital; cuando esa continuidad se rompe, sucede la crisis.   



Por:  Ángela Bermúdez – Smith Barbosa   

Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterEmail this to someonePrint this page

Un comentario sobre “CONCEPTOS DE DEPENDENCIA

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *