Los movimientos sociales como redes movilizadoras de identidades. (II)

Siendo un ilustrativo ejemplo del sexismo en el caso colombiano, las cifras reflejadas en una desalentadora encuesta realizada por el DANE de septiembre de 2011, en la que se reveló que las mujeres trabajaban en promedio diez horas más que los hombres, pero recibían 20 por ciento menos de salario. Las cifras también mostraron que si una mujer se viste de manera provocativa se expone a ser violada y que el 41 por ciento de ellos piensa que la mujer debe quedarse en la casa y no salir de la cocina.1 Pero esta descripción quedaría incompleta si no menciono los olvidos que ha tenido el gobierno colombiano, respecto de la promoción y prevención de la seguridad y protección física de los sectores sociales históricamente excluidos, víctimas de la violencia sociopolítica, reflejados en la crisis humanitaria y de violencia en contra de las mujeres, puesto que las políticas sociales de casi todos los gobiernos no han tenido efectos positivos. Todo esto se puede ver en los registros de ataques por ácido o vitrol, muerte por violencia doméstica o en el caso de las mujeres en un pueblo de la costa, en las que un grupo considerable quedó en embarazo al planificar con pastillas anticonceptivas dadas por una campaña del gobierno, cuya fecha de vencimiento ya había expirado. Sin mencionar la violencia sociopolítica sistematizada en contra de las mujeres y las niñas que las convierten en un instrumento de persecución social, política y un arma de guerra.

Es necesario articular en este punto el concepto de ciudadanía, piedra angular de mi trabajo: entendido como el conjunto de derechos que tienen las personas como sujetos y los deberes que de ella se derivan, siendo entonces punto coyuntural en esta consideración: el debate que surge a partir de la perspectiva de las relaciones de poder y de dominación de los hombres sobre la mujeres, lo que conlleva a la negación del pleno ejercicio de la misma, evidenciado en la libertad para organizarse, en el derecho a la adquisición de la propiedad privada y otros derechos a los cuales la mujer ha accedido más tardíamente.

En mi monografía de pregrado, realicé el ejercicio de recoger y tratar de reconocer la voz de cinco mujeres con diferentes edades y profesiones, con el fin de registrar sus hechos históricos, sociales y sus experiencias humanas, al mismo tiempo que buscaba revelar cómo intervienen las instituciones políticas en las dinámicas humanas, los procesos económicos, la simbología, las estructuras sociales, la producción de saberes y las tradiciones. Sistematizadas en entrevistas, en las cuales se buscaba información acerca de las opiniones, sentimientos y comportamientos de estas mujeres, que revelaron en las respuestas a las preguntas, rasgos propios de su cultura y de su memoria social.

En el cuestionario se encontraban preguntas, tales como: relato de la infancia; educación de la mujer respecto del hombre; costumbres familiares; vestuario; qué era para ellas ser mujer, la función de la mujer en la vida social, qué era para ellas género, ciudadanía, funciones de hombres y mujeres; papel de la mujer en el hogar y en la sociedad; diferencia entre género y sexo, y participación política de la mujer.

Podría decir que los resultados para mí fueron desalentadores, al ver que aunque los rangos de edad y el nivel de formación académica eran variados, las respuestas se orientaban hacia un solo norte. El reflejo de los aparatos ideológicos (escuela, familia, iglesia y Estado) y cómo estos habían hecho mella en la construcción del concepto de ciudadanía y en la identidad de la mujer, pues casi todas coincidieron en que si la mujer salía vestida sugerentemente era causal de una violación, la participación política era algo poco común y dentro de las funciones de la mujer era imperiosa la presencia de la mujer en el cuidado del hogar. De esta manera, se puede ver cómo el concepto de ciudadanía de la mujer ha sido permeado por las relaciones de poder y de dominación del hombre; lo que le ha negado e incluso obstruido en gran parte el pleno ejercicio de la ciudadanía, evidenciado en la libertad plena para organizarse, en el derecho a la adquisición de la propiedad privada y otros derechos a los que la mujer ha logrado acceder más tardíamente que el hombre. Termina con un estatus ciudadanía ha sido forjado como muestra de subordinación, en un modelo hipotéticamente democrático.

Todo lo anterior, se encamina, a su vez, hacia los sistemas que definen los modelos de comportamiento, las gramáticas axiológicas y los sistemas narrativos por medio de los cuales la sociedad se piensa y se reproduce. Estos sistemas deben ser entendidos como los medios por los cuales la sociedad adquiere la percepción o forma en cómo ve la realidad, el medio, la valoración o juicio simbólico de la realidad. Estos permiten ver como la mujer analiza y narra su historia identificando los significados que esta le puede otorgar a su realidad. Es ahí cuando mi trabajo de grado tomó otro sentido, más que una copia digital que se archivaría en la colección de la universidad, mi trabajo se convirtió en un desafío, con el cual pudiese materializar la teoría en un grupo de mujeres de diferentes profesiones, edades y pensamientos. las cuales iniciamos en reuniones, debates de diferentes temas, con el firme propósito de fortalecer, corregir, apoyar, solidificar, acompañar, protestar y soñar un mejor espacio para la mujer en una sociedad en la que hay que abrírselo a codazos.

En este grupo, buscamos un intercambio social, en el que se puedan identificar las diferentes matrices de identidad y los conflictos que puede articular la cultura. Teniendo en cuenta la pluralidad que se evidencia en América Latina, región pensada desde su génesis bajo el concepto de nación europea, copiada y adaptada, Abruptamente, así como lo formuló Jesús Martín Barbero, en su libro `De los medios a las mediaciones.2 Lo que produce un concepto de identidad poco consolidado que obliga a ser redefinido, no desde su origen sino a partir de la misma heterogeneidad cultural y lucha antihegemónica, entendida, como la pugna entre dominantes y dominados en un etnocentrismo radical que imposibilita la capacidad de pensarse.

De modo, que el grupo de mujeres tiene como derrotero el empoderarse de las interacciones entre lo cultural y lo político que no provengan siempre de los valores dominantes de arriba hacia abajo, sino que pueda existir una bipartición dentro de los grupos antihegemónicos. Es en este punto donde se articula a los objetivos del proyecto el fortalecimiento de una democracia radical, en las esferas de micropoder de la cual se desprende el feminismo. De modo que en la propuesta surge la visión de identidad, ciudadanía y feminismo, que funciona como un instrumento articulador de las diferentes luchas de la mujer por su identidad. Es por ello, que el grupo también parte de la pluralidad de identidades y de representaciones que permiten la reconstrucción de los conceptos de ciudadanía y feminismo, cuya interpretación se ha visto sometida a una apreciación maniquea, cuando en realidad lo que se pretende es que exista la separación de lo público y lo privado.

Con todo esto se quiere pretender, que la mujer deje la arena privada el “hogar” y comience a moverse en la arena pública. Es entonces, que la propuesta responde a lo sugerido por Iris Young, en la invitación de la necesidad de crear grupos que compartan el mismo interés. Así las cosas, el feminismo se ha visto como una política que esté basada en la solidaridad y hermandad entre las tales, vinculadas por una causa común, como lo es la búsqueda de identidad y reconocimiento como mujeres, combatiendo la ausencia de la identidad femenina y de la unidad previa que impide que las mujeres construyan múltiples formas de identidad, unidad y acción, a lo que Carol Pateman aporta ideas interesantes acerca del sesgo patriarcal, dejado por los ilustrados en el contrato social , en donde se le reconoce a la mujer la especificidad de la condición femenina basada en la identificación de las mujeres como madres, carentes de dominio propio. Todo esto también está sujeto a la proposición de Kate Soper, en la cual el feminismo se define como una política que implica que las mujeres se unan implantando un movimiento basado en la solidaridad y la hermandad entre ellas, principalmente, de las que no estén vinculadas a ninguna causa que vaya más allá de su egoísmo.

Para ilustrar mejor esta parte, vale la pena traer a la disertación, la influencia de los medios sobre dicha rivalidad, pues son ellos los encargados de hostigar a la mujer con estereotipos que le hacen sentir algún tipo de deficiencia en aspectos de su vida, causada por la constante comparación que lleva a la mujer a sentir un tipo de auto-derrota, repercutiendo en la autoestima como un sentimiento de fracaso emocional que, infortunadamente, crea tendencias destructivas que llevan a las mujeres a desarrollar actitudes tóxicas, en especial sus relaciones con otras mujeres. Aquí nace la competencia poco sana y la envidia, mortales en un grupo de mujeres. Estas manifestaciones nocivas a menudo conducen a las mujeres a olvidar el valor de una buena amistad para convertirse en antagónicas, incapaces de controlar sus sentimientos de inconformidad ante otras mujeres que tienen posiciones de liderazgo: una de las actitudes más frecuentes, el hablar a las espaldas de la mujer de la cual se sienten en desventaja, lo que genera la proliferación del chisme, y la subestimación respecto de las sugerencias o mandatos; lo que hace factible que obedezcan más a un hombre que a una mujer.

Estas consideraciones fundamentan el grupo de mujeres con el que se busca la sanación de la herida causada por la sombra colectiva de la desconfianza, la separación y el chisme. Es por ello, que el grupo se ha convertido en una manera de conectarnos conscientemente, una nueva manera de estar juntas. Convirtiéndose en un círculo digno de confianza, en un centro espiritual con respeto hacia los límites, alimentado por la poderosa capacidad de transformar a las mujeres, que la constituyen convocando el poder interior y exterior.

Otro aspecto importante que se debate en el grupo de trabajo, es la comprensión y análisis exegético de la palabra género, tomada como un elemento constitutivo de las relaciones sociales, basado a su vez en las diferencias que distinguen los sexos. Entendido como una forma primaria de las relaciones de poder, que diferencia lo social entre lo femenino y lo masculino, significando las diferencias jerárquicas. Cabe señalar que como cada individuo se convierte en hombre o mujer mediante un proceso que incluye la interrelación de discursos, ideologías y prácticas sociales. La fase tres de este proyecto, concluye en una frase inspiradora de Simone de Beavoir “No se hace mujer, se llega a serlo”. Hace parte de un proyecto personal y consciente de cada mujer.

Por ende, el anhelo más importante en este trabajo es poder enlazar lo obtenido hasta el momento con un tema que apasiona, de igual manera, como el feminismo. La comunicación para el desarrollo, por medio de la cual se hace posible difundir este mensaje, moviliza no a un grupo pequeño de entusiastas amigas, sino a un grupo de mujeres que esperan una voz de aliento.

Para este propósito en la pequeña ciudad en la que vivo, el grupo cuenta con un espacio radial en una emisora comunitaria y un canal de televisión independiente, en los que se ha trabajado programas por medio de los cuales se ha estimulado lo que Habermas denominó como la opinión pública. Aquella que dinamiza la interacción del mundo simbólico y la interacción comunicativa generadora de opinión, consenso y voluntad común, que permite a su vez acciones cooperativas que avivan la dinámica del poder por medio de la discusión pública, en la cual la ciudadanía (o) tiene empoderamiento, cuando se une a las concertaciones, a la crítica y el control, cuyo objetivo central es la búsqueda de la inclusión de las mujeres en procesos de política para que estas hagan uso de su investidura de Ciudadanas y participen en las elecciones acertadas de propuestas y mandatarias (os) que generen un contrapeso al poder imperante.

 

Por: MARÍA TERESA RODRIGUEZ PARDO
Comunicadora social y periodista
Esp. Comunicación Corporativa.

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