¡Ni una más!

Ser mujer no es sinónimo de inferioridad

Ellas pagan las consecuencias de la discriminación, que sufren tanto en las leyes como en la práctica, y de la persistencia de desigualdades por razones de género.

 

Víctima del maltrato, ninguna mujer debe tener marcas en sus ojos. Foto tomada de la web
Víctima del maltrato, ninguna mujer debe tener marcas en sus ojos.
Foto tomada de la web

 

Faldas cortas, libertad sexual y derechos políticos son vagos recuerdos en la memoria de una mujer. Son tan sólo conceptos sueltos que se empañan de lágrimas al oír o leer, en los medios de comunicación, de una nueva muerte de una semejante o con la desfiguración de otra a punta de puños machistas producto de una sociedad asumida como patriarcal, opresora e injusta. La violencia a las mujeres pone a pensar hasta qué punto en Colombia nacer con pene o vagina es el vaticinio de una vida con más oportunidades y menos sufrimiento.

La violencia contra la mujer es uno de los delitos más recurrentes en el país. A pesar de las campañas en contra de este flagelo, aún no se logran mitigar los casos que revelan el poder machista que aún impera. Según un informe de Medicina Legal, el año pasado fueron asesinadas 970 mujeres en Colombia. El rango de edad con más casos (156) es el comprendido entre los 20 y 24 años. Las alarmantes cifras cobran relevancia a propósito del ‘Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer’, que se conmemora el 25 de noviembre.

La raíz del problema

La violencia contra la mujer se puede catalogar en cinco casos diferentes, dice el psicólogo Oswald Reyes quien hace hincapié en que muchas veces los golpes o las humillaciones sexuales dejan una huella imborrable y difícil de superar en aquellas féminas que han sido sometidas a este tipo de maltratos, y agrega que “el dolor físico y mental que ellas sienten no permite que su mente supere el hecho y se crea una espiral que constantemente revive en ellas el hecho, y por supuesto, aviva el trauma”(sic).

En el plano nacional aparecieron recientemente algunos hombres que, con ahínco, respaldaban e impulsan el ‘Movimiento Machista’ en Colombia, uno de ellos, Edilberto Barreto, un casanereño, quien dijo que “a las mujeres se les puede pegar, pero no muy duro, porque se enamoran de uno”. A pesar de esto, el Partido Liberal dio su aval a este personaje pintoresco que reventó las redes sociales a raíz de sus comentarios; pese que fue vital para identificar que existe aún en el imaginario colectivo de algunos hombres, la aprobación de tal tipo de comportamientos machistas.

“Es una realidad difícil de afrontar, los estratos más afectados por este fenómeno son el uno, dos y tres, siendo el segundo el más afectado con un 50% de casos registrados ante la Comisaría de Familia” (sic). Las estadísticas que pudo obtener Lorena Miranda, trabajadora social de la `Comisaría de Familia´, marcan “con un 41% de maltrato verbal; 24% de maltrato físico, al igual que el maltrato psicológico; 7% de maltrato económico, y 4% de maltrato sexual” (sic). Estos datos rectifican el maltrato verbal como uno de los casos más repetitivos.

“El dolor físico y mental que ellas sienten no permite que su mente supere el hecho y se crea una espiral que constantemente revive en ellas el hecho, y por supuesto, aviva el trauma”: Oswald Reyes, psicólogo.

Es posible identificar en diversos grupos sociales la degradación de la mujer, quien sigue siendo vista como un objeto. Un caso relevante de lo anterior, es la figura que representa en los grupos guerrilleros, los que sus energías son utilizadas para el servicio de los “machos” y su función se limita al trabajo de dar placer sexual. Por otro lado, Jonathan Durán, comandante de la Policía de Girardot, afirmó que “en Girardot se viven casos de violencia a la mujer, más que todo en los estratos bajos, y nuestra función es atender los llamados para orientarlos sobre el procedimiento” (sic).

Tal tipo de menosprecio hacia la mujer es evidenciable en una de las primeras instituciones que se forjó en la evolución del hombre: la familia. En dicho círculo, las jerarquías ya están instauradas de forma convencional. Por ello, es común ver en lo hogares que la madre de familia y esposa debe cubrir las necesidades de su esposo e hijos, quienes le exigen resultados positivos y rápidos a cambio de nada, porque su jornada laboral no tiene ninguna remuneración económica y, para acrecentar la desigualdad, no tiene un horario establecido, por lo cual debe trabajar indefinidamente.

“En mi hogar sólo se vivía violencia; cuando mi esposo llegaba borracho me obligaba a tener relaciones sexuales con él” (sic): Andrea Bernal, víctima de abuso sexual y verbal.

La familia, vista como una institución “voraz” según Lewis Coser, en ‘Las Instituciones Voraces’ debido a que absorbe las energías de la mujer, lo que causa que esté en desventaja respecto del hombre y sus hijos. Andrea Bernal, víctima de abuso sexual y verbal, expresó que “en mi hogar sólo se vivía violencia; cuando mi esposo llegaba borracho me obligaba a tener relaciones sexuales con él” (sic), por lo que llegado el momento en que ella oponía resistencia, él la golpeaba, ocasionando que, a pesar de querer a su cónyuge, tomara la decisión de separarse para proteger su integridad.

Una historia con final triste

Al momento de educar a los seres integrales del futuro, hombres y mujeres emprenden una labor social con el fin de contribuir a la solución, Nancy Vélez, docente, explica que “desde la materia de Ética se deberían implementar valores como el respeto y enfocarlos hacia las minorías” (sic), y solicita aterrizar la tolerancia al discurso y a la práctica puede ser el paso que se debería aprender a dar. Aunque son bastantes las movilizaciones y los intentos por erradicar el problema, son las muertes por causa de violencia las que dominan las estadísticas diariamente.

El mundo lamenta el flagelo que lesiona al “sexo débil” creado por una cultura machista apoyada sobre dogmas religiosos, y una moral revestida de ignorancia que esparce odio y sigue viendo a la mujer como un objeto disponible, carente de dignidad. Sin embargo, la decisión de ponerle final la violencia de género es el capítulo que todas tienen derecho a escribir, porque las oportunidades están dadas para que pese a las expectativas puedan tomarse el mundo, cambiarlo, y por qué no, transformar el rumbo de la historia.

Por: Ángela Bermúdez Vélez – Nicoll Reyes Molina

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