Agua de Dios prehispánico

Por: Efrain Oyaga

Según los estudios paleontológicos realizados por el departamento de Cundinamarca y el Instituto Colombiano de Geología y Minería (INGEOMINAS) – gestores en la fundación del Museo Paleontológico y Arqueológico de Pubenza-Cundinamarca -, hace alrededor de 17.000 años, el territorio de lo que hoy es Agua de Dios se hallaba poblado por mastodontes, megaterios -animal parecido al perezoso-, tortugas, roedores y diversas especies de reptiles. Milenios más tarde, antes de la llegada de los españoles, todos los territorios ocupados hoy por los municipios de Tocaima, Apulo, Anapoima, Agua de Dios, Nilo, Ricaurte, Girardot, etc., eran el lugar de habitación de la tribu de Los Panches.

Según la investigación realizada por la antropóloga Maritza Avellaneda Adames para la Universidad Nacional, este grupo indígena tenía su territorio dividido en varias provincias como las de Calandaima, Lutaima, Anapoima, Lachimi, Limba, Guataquí, Conchima, Iqueima y Tocaima. Los Panches se distinguían por su estrategia guerrera, que quedó demostrada por la gran resistencia que opusieron a los conquistadores españoles, los cuales sólo pudieron dominarlos con base en engaños. Construían sus viviendas circulares en lugares altos a los que había que llegar por estrechos desfiladeros sembrados de trampas, formadas por hoyos llenos de estacas y cubiertos con maleza. Antes de las batallas contra las tribus vecinas o contra el invasor imperial, realizaban una ceremonia comunitaria en la cual hacían sonar unos singulares instrumentos musicales de forma circular.

Practicaban el canibalismo, se comían la carne de sus prisioneros y guardaban los cráneos como trofeo de guerra. También utilizaban esta práctica alimenticia como ofrenda para sus dioses.

Desde el punto de vista lingüístico, los Panches pertenecen al grupo Caribe y su organización social se componía de cacicazgos, donde cada cacique tomaba el nombre de la región que habitaba (Cacique Ambalema, cacique Conchima, cacique Tocaima, etc.) Se llegaba a cacique por el valor demostrado en el combate. La jerarquía militar era predominante en la tribu y, por eso, el primer hijo debía nacer varón; pues si nacía hembra debía ser sacrificado, y hasta cuando naciera un hombre, y así continuar con la ascendencia sin importar el sexo. Sin embargo, las mujeres eran muy importantes porque acompañaban a los hombres a la guerra, curaban los heridos y cargaban y suministraban las armas. Los Panches se deformaban el cuerpo, en especial las pantorrillas, los brazos y el cráneo.

Enterraban a sus muertos, a veces, de manera individual; otras veces, en forma múltiple: utilizando grandes vasijas de barro, donde metían al cadáver encogido, en posición fetal.

Varias de esas urnas funerarias fueron descubiertas por Maritza Avellaneda y Luis Fernando González durante su investigación, acompañados por los autores de este texto, en la orilla del río Bogotá, a la altura de la vereda Leticia de Agua de Dios en 1985. Lamentablemente, se dejaron a guardar en una casa vecina, donde las rompieron en busca de supuestos tesoros. Sólo se conservó una que se envió a la Universidad Nacional para su estudio.

Los Panches fabricaban objetos de cerámica que decoraban con pigmentos rojos y también manejaban el arte de la cestería. Elaboraban utensilios para moler y machacar, y utilizaban lascas o piedras afiladas como cuchillos para raspar semillas, cueros y carne, lo que pone de manifiesto que se trataba de una cultura de caza y recolección; pero, también, dedicada a la agricultura, en especial al cultivo del maíz.

El arte rupestre de los Panches

En Agua de Dios existen varios lugares donde se encuentran petroglifos, es decir, grandes piedras grabadas con diversos dibujos y símbolos, que presumiblemente pertenecen a la cultura Panche. En esto eran más adelantados que los Muiscas o Chibchas, ya que aquellos solamente pintaban las piedras, mientras que los Panches las grababan. El arte rupestre de esta tribu nos invita a imaginar su concepción cosmológica y su cultura, expresada en el trazado de formas circulares, (espirales) y animales como ranas y culebras.

Estas manifestaciones artísticas se encuentran las veredas de Egipto, Aguafría e Ibáñez: por lo menos en lo que respecta a los petroglifos encontrados durante la investigación.

Una de las personas que más se ha interesado en investigar sobre la ubicación y conservación de petroglifos y otras muestras arqueológicas en Agua de Dios es Silvestre Pardo, habitante de la vereda Egipto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *